Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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05. Embajadora de sueños (María José Viz)

Cada mañana, Toña volcaba sobre la mesa el contenido de las dos grandes sacas, repletas de cartas y algún que otro paquete postal, recién llegadas. Desempeñaba un oficio muy antiguo: era cartera, cartera rural, para más señas. Su pueblo, siendo pequeño, poseía muchos lugares con nombres difíciles, omitidos habitualmente en las direcciones postales. La experiencia le ofrecía a Toña grandes ventajas. No sólo sobreentendía lo no escrito, sino que las cartas con destinatario ilegible llegaban siempre a su destino. Además, tenía la habilidad de identificar a muchos remitentes, solo por la grafía. Podríamos decir que era una maga embajadora de sueños.

Repartía cartas hermosas que decían: “vuelve Pepe de Alemania”. “Va a nacer mi primer nieto”. “Juan me ha mandado una florecilla seca”. “Me ha salido un trabajo en la capital”. “Mi amiga regresará, por fin”.

También las había cargadas de dolor y decepción: “se ha muerto mi hijo”. “¡Qué lejos se ha marchado!” “Me ha dejado por esa sinvergüenza”. “No he podido despedirme de mi madre”.

Toña ya no está. Ahora, nadie escribe cartas… ¿o, tal vez, sí?

25 Respuestas

  1. Jesús Garabato Rodríguez

    Muy buena, María José, la evocación que haces de unos tiempos donde la información, calmosa, nos la traían personas y no máquinas ultrarrápidas. Supongo que eso será mucho mejor para todos, pero ha significado la pérdida de aquella ilusión que muchos tenían aguardando la llegada del correo. Además, con el tiempo supongo que también se llegará a perder, tristemente y como tantos otros, ese romántico oficio de cartero rural. Suerte y saludos.

  2. María José Viz Blanco

    Tienes mucha razón, Jesús. Yo misma esperaba las cartas con una ilusión tan grande que me producía alegría, cuando llegaban, y cierta decepción, al no recibirlas cuando creía que tenían que venir.
    He querido con este micro homenajear a los carteros y carteras rurales puesto que producían cambios, unas veces positivos y otros no tanto, en la vida monónotona del pueblo.
    Gracias. Un saludo.
    María José

  3. Martín Zurita

    Hola, María José.
    Das cuenta, estupendamente, de la desaparición de oficios entrañables. Loca bola la del mundo. El que desempeña esta cartera rural lo es. Como el del buen médico que conoce al vuelo a sus pacientes. Dentro de su negrura nostálgica, adobada de alegrías, el texto deja un final abierto. Quizá acabemos por escribir cartas dirigidas a nosotros mismos. Me gusta tu propuesta. Suerte. Besos.

    1. María José Viz Blanco

      Muchas gracias por tu generoso comentario, Martín. Te confieso que quise escribir sobre los carteros y las cartas porque, siendo niña, eran mi refugio y mi mejor manera de expresarme, dado que era timidísima.
      Un abrazo.
      María José

  4. Ángel Saiz Mora

    La llegada de mensajes escritos, en un tiempo y lugar donde no era posible otro tipo de comunicación, suponía todo un acontecimiento que venía a condimentar la rutina diaria, de la mano de un oficio que tenía algo de hechizo, que hacía que esa embajadora fuese esperada y recibida con expectación, ilusiones y a veces temor, tanto como las lluvias y las cosechas.
    Un saludo y suerte, María José

  5. María José Viz Blanco

    Muchas gracias, Ángel. Como siempre, realizas una acertada disección de relatos, en el buen sentido de la palabra.
    Un abrazo.
    María José

  6. María José Viz Blanco

    Muchas gracias, Ana. Me alegro de que te haya gustado. Es muy probable que las nuevas generaciones no entiendan cómo era el oficio de carter@ en otros tiempos. Pienso que incluso le parecerá una fantasía lo que cuento; sin embargo, muchos sabemos que era totalmente cierto, una profesión sacrificada y en la que se requería poseer habilidades especiales.
    Un abrazo.
    María José

  7. Tu relato me ha traído recuerdos de cuando de jovencita pasaba los veranos en la pequeña aldea de mis abuelos y aparecía el cartero con una carta en una mano y una amplia sonrisa en la boca, sabedor de mis ansias por recibirla. Me ha gustado mucho esa narración tan delicada, con ese sabor tan de otros tiempos. Un beso, María José.

  8. J u a n P é r e z

    Creo que soy de las escasas personas que aún escribe cartas, y como se une a mi pasión de narrador, devienen en epístolas. Si además añado que mi letra -al igual que mi cerebro- es muy alambicada, aunque estoy enamorado de ella(incluso cuando me dedico a la literatura primero escribo en mi hogar con la estilográfica y después, según qué casos, lo paso al ordenador) imagínate qué relación tan de tú a tú he llevado -y llevo- en mi vida con “Los Correos del Zar” [Una de las primeras “piñas” que me dí en moto fue con una Vespa de 125 oficial de Correos] En fin, no me va la tecnología, qué le voy a hacer.
    Dicho lo cual, te puedes imaginar lo mucho que me gustó tu trabajo – homenaje. Sólo lamento no habértelo podido transmitir con mi pluma “Sheaffer” ¡Adiós Sobresaliente y Avispada persona!

  9. María José Viz Blanco

    Hola, Juan. Acabo de dejar un pobre comentario en tu texto y veo que tú has sido realmente generoso conmigo. Gracias. Pues yo siempre he escrito muchas cartas; me encanta el género epistolar. De hecho, cuando escribo un correo electrónico lo hago como si fuese una carta escrita en papel, con las palabras y frases enteras, intentando cuidar el estilo.
    Un abrazo fuerte.
    María José

  10. Salvador Esteve

    Embajadores de ilusiones, de alegrías y tristezas, embajadores de vida. Precioso homenaje, y, desde luego, el Gmail, Whatsapp… nunca podrán superar ese olor de autenticidad que desprendían las cartas. Muy bueno, María José. Abrazos.

    1. María José Viz Blanco

      Muchas gracias por tu generoso comentario, Salvador. Veo que eres de los míos… donde esté una carta escrita con corrección y sentimiento, que se quite todo lo demás, aunque las nuevas tecnologías nos resulten tan útiles (todo hay que decir).
      Muchos abrazos para ti, también.
      María José

  11. Hola, María José.
    Un modo de comunicarse que, por desgracia, se nos ha quedado ya casi en el olvido. Me alegra mucho que traigas este personaje tan entrañable de Toña porque en una mirada retrospectiva se me antoja encantadora. ¿Te imaginas que durante una semana, o un mes, volviéramos a comunicarnos por carta? A mí me encantaría.
    Un besazo y mucha suerte.

  12. María José Viz Blanco

    Gracias, Towanda. Yo estoy contigo. Volver a escribir cartas me encantaría, puesto que he disfrutado mucho con ellas, sobre todo en mi niñez y adolescencia. Era todo un reto para mí el intentar escribir con corrección. Cada duda que tenía, acudía al diccionario, ya que sería “una vergüenza” (pensaba) que se me colase alguna falta… Además, al escribir a mano, se intentaba pensar bien lo que se quería comunicar, puesto que, lógicamente, no iba una a mandar todo lleno de tachones y, por supuesto, ¡nada de escribirla de nuevo!
    Un abrazo.
    María José

  13. Que bien retratada la calidez de los mensajes escritos y la implicación de tu personaje en su trabajo. Una pastora trashumante de sentimientos, deseos y angustias, consciente de que la escritura es como una especie de desembocadura del alma.
    Muy buen relato, María josé, enhorabuena.
    Un abrazo.

  14. María José Viz Blanco

    Me gustan mucho tus palabras, Antonio. Realmente, antes, los carteros y carteras vivían intensamente su trabajo, se implicaban, como bien dices. Por eso obtenían resultados sorprendentes, tales como entender letras ilegibles. Asombraban más que los magos, con esos “poderes” que poseían…
    Otro abrazo de vuelta para tí.
    María José

  15. Qué bonita figura la de esta cartera rural, tan entrañable y conocedora de sus vecinos. Cuánta razón tienes, los carteros conocíamos perfectamente por la letra a los remitentes y destinatarios y cuánta labor de investigación para hacer llegar a su destino las que venían con las señas incompletas. Es un trabajo muy gratificante, o lo era pues ahora ya las cartas como tales se han dejado de escribir.
    Un relato muy bonito, felicidades.

  16. María José Viz Blanco

    Asunción, se nota que sabes de lo que estás hablando. Yo conozco un poco el oficio de cartero rural gracias a un familiar mío y siempre he admirado ese trabajo “mágico”, de cuando era niña. Es cierto que se ha perdido, en gran medida, puesto que las nuevas tecnologías, rápidas y frías, lo han propiciado.
    Muchas gracias. Un abrazo.

  17. María José Viz Blanco

    Muchas gracias, Nani. Es cierto lo que dices, el cartero tenía que leer las cartas, antiguamente, a los analfabetos y analfabetas que, desgraciadamente, abundaban. Tendría que ser terrible para el profesional leer noticias trágicas, referidas a su hijo, a una madre ansiosa por saber de él, por ejemplo. Puede que alguno suavizase el contenido de las cartas, en su lectura, para no lastimar tanto…
    Un abrazo fuerte.
    María José

  18. Calamanda

    María José, has realzado en su magnitud la labor de este oficio, hasta hace nada imprescindible, ahora algo menos, para todos y lo has elevado. Suerte y saludos

  19. Ay, los carteros/as…
    Y en los pueblos, la de cosas que sabían!
    Mensajes de todo tipo llevaban arriba y abajo.
    Algún nostálgico queda enviando cartas. Yo como mínimo soy de las que todavía envían alguna postal 🙂
    Bien por mencionarlos.
    Un abrazo.

  20. María José Viz Blanco

    Gracias, M.Carme, por dejar tu amable comentario. Sé que no es bueno tener demasiada nostalgia pero, he hablado de carteros (cartera) en mi relato, porque añoro esa ilusión tan grande que tenía por la espera de recibir una carta por correo. A mí me llenaban de vida, siendo jovencita.
    Un abrazo para ti, también.
    María José

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