Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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96. Heroínas de tierra y cielo – María Rojas

En los amaneceres mira el diseño de la geometría celeste mientras piensa en su linda nieta Galarina, la primera niña nacida en una estación espacial.
Luego, ordeña a Blanquita. A las vacas, dice, hay que hablarles, acariciarles el lomo. Así, la leche brota espumosa y animada a dar buena nata.
Por más que le expliquen la vida de Galarina en la cosmología universal, le resulta incomprensible y enmarañada. Lo que sí le queda claro es que su niñita se deleita con las tortas de queso que ella le envía.
Hoy, el firmamento clareó con una figura nueva de sorprendente luminosidad.
Al mediodía, Blanquita se puso de parto. Lleva horas lanzando bramidos sin hallar sosiego.
En la tarde, la madre de Galarina, vino a contarle que esta, seducida por movimientos a años luz de distancia, se dispersó en el espacio en un cucurucho de luz cósmica.
Blanquita lame con ternura a la recién nacida olorosa a boñiga.
Esa noche, mientras la abuela teje su mortaja, las lágrimas van trenzándose entre las naguas de las estrellas.

14 Respuestas

  1. Jesús Garabato Rodríguez

    María, tu texto es una maravilla, con todas esas imágenes casi oníricas que se mezclan armoniosamente con el mundo duro y real de los campesinos y, todo ello, ornado con una prosa poético-popular, por llamarle de alguna forma, que a mi me parece preciosa. Enhorabuena. Saludos y suerte.

    1. María Rojas

      Muchas gracias, Jesús. Me alegra sobremanera que te haya gustado y dejes tus comentarios que animan a escribir.

      Un abrazo de verano.

  2. Tu texto, me ha parecido, María, como ya te ha comentado Jesús, pura poesía, que lleva implícita en su mensaje esa voluntad de seguir adelante, de ver la magia en los actos cotidianos, que solamente se le concede a los auténticos héroes, merecedores de ella.

    Un placer leerte.

    1. María Rojas

      Manoli, la vida la tienes que vivir en la tierra, aunque lleves la mirada al cielo y al mar muchas, muchas veces.
      Un abrazo de verano.

  3. Martín Zurita

    Hola, María.
    Texto sencillamente delicioso este con el que nos regalas. Un lenguaje (desde el título, ese “naguas” final, ¡menudo acierto!) maravillosamente elegido que cumple con creces su función: la de maravillarnos. Prosa poético-acariciante la tuya. Ya tiene mérito, con la que está cayendo: esta súper ola de calor sobre nosotros, haber tejido este pequeño gran prodigio. Formidables neuronas las que habitan tu cerebro. La renovación del ciclo en el ámbito cielo-tierra.
    Y unos personajes para comérselos. Galarina, la madre, la abuela y Blanquita, exudan verdad por los cuatro puntos cosmológicos, subrayados puntos (me copio en plural)en la cartografía ideal del universo literario, enteciano.
    Extremas felicidades y un beso que concibo a la altura de tus benditos renglones. Que seas muy feliz y, si de vacaciones pronto, más todavía.

    1. María Rojas

      Oh, Martín. Tus palabras me llenan de emoción. Es un texto sencillo que va en honor a las mujeres trabajadoras tanto del campo como de las ciencias. Todas ellas hechas de luz y mucho amor.

      Un fuerte abrazo de verano

  4. Ángel Saiz Mora

    Has creado dos mundos y dos personajes femeninos. Por un lado, el terrestre y apegado a la Tierra, una mujer de cierta edad (es abuela), sencilla, entrañable y llena de ilusiones, que ama lo que hace y más aún a su niña, la que habita en las estrellas. La vida que tanto regala a veces quita de improviso y trae las peores noticias. Mientras la bien cuidada Blanquita tiene a su hijo, su nieta ha pasado a formar parte del firmamento, pero esta mujer seguirá adelante, con su labor llena de esmero. Hay que sacar todos los superpoderes que existen dentro cuando se produce una pérdida inesperada y prematura como esa, sin duda, tu personaje los tiene.
    Como ya te han dicho, un relato lleno de poesía y a la vez fuerza vital.
    Un abrazo y suerte, María

    1. María Rojas

      Mil gracias Ángel por tus acertados comentarios. Muchas mujeres viven de manera rural, luchando de sol a sol, mientras sus nietas trabajan en un mundo incomprensibles para ellas, pero igual de valioso. La vida sigue su cometido de nacimiento, amor y muerte.

      Un abrazo de verano

  5. J u a n P é r e z

    Este personaje naif de la abuelita me trajo gracias a tu narrativa, recuerdos familiares estupendos y muy tiernos, porque cuentan en mi casa que mi bisabuela, allá por el año que El Hombre llegó a La Luna, también estaba desconcertada porque se le hacía cuesta arriba La Realidad de alguien pisando la bonita Luna Lunera; es más, decía que todo eran cositas inventadas. Por lo demás, el microrrelato contrastado entre las diferentes mujeres de una y otra época es lindísimo -las cabrillas por en medio han hecho mis delicias atendiendo a la faena estabularia de la ancianita-¡Pura M a r í a R o j a s !

  6. Me ha costado ubicarme. Pensé que las protagonistas vivían en el espacio, luego vi que la abuela estaba en la tierra ordeñando y que la madre viene del espacio para decirle que la nieta se ha explotado, luego veo que la madre también está en la Tierra. Así es muy difícil comprender para mí. Una vez que consigo ubicarme en la tercera lectura todo cuadra, y sí, las abuelas no entienden esa manía de los jóvenes de irse tan lejos a trabajar, seguro que alguna ministra se lo explica. Es un relato con trazas poéticas. En fin. Suerte.

  7. Barceló Martínez

    Hola María. Suscribo punto por punto los halagos de los compañeros en los comentarios anteriores.
    La imagen de la geometría celeste me atrapó desde el principio del relato. La originalidad del nombre Galarina, que no es casual, sino que busca los ecos de la galaxia. Ni más, ni menos que la primera persona nacida en una estación espacial y como contraposición las raíces, lo terrenal. Muy bonito, un abrazo y mucha suerte.

  8. Salvador Esteve

    Personajes entrañables, un relato donde lo terrenal y lo cósmico se funden en un halo de ternura. Me ha encantado, María. Abrazos y suerte.

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