01. LA CULPA
El bisabuelo de Charo era conocido como el Tuerto porque había perdido un ojo cuando una cigarra se lo desgarró durante un viaje en moto a Casares, para ver a la que entonces era su novia. Su abuela siempre contó que apenas se acordaba de él, salvo por una foto vieja. Pero recordaba la detonación en la puerta de su casa cuando lo ejecutaron por rojo. Las detonaciones, porque fueron dos, con unos instantes larguísimos entre ellas.
El bisabuelo de Mauricio se llamaba Ramón, pero le llamaban Mon, Mon el Sordo, porque, según cuentan, cuando interrogaba a los prisioneros les repetía «Más alto, chilla más alto, que soy sordo». Aunque prefería los interrogatorios, también le tocó ejecutar a unos cuantos enlaces que traficaban con armamento para los republicanos. No le gustaba ver sufrir a las personas, así que solía encargarse del tiro de gracia mientras se tapaba el otro oído con la mano libre.
Charo y Mauri se han conocido en las fiestas del pueblo, a los dos les gusta el pasodoble, el tabaco rubio y no hacer caso a la familia, y todavía desconocen que serán padres de un crío miope, con una tremenda fobia a los ruidos fuertes.


Buen relato.
La famosa frase de «la función crea el órgano», y que la genética y la herencia son un hecho, queda más que patente en tu relato, como también, que igual que el tiempo perpetúa circunstancias físicas pasadas, algunas en forma de culpa, también puede hacer olvidar odios y desencuentros.
Gracias siempre por tu trabajo y por tus letras.
Un abrazo, Juan
Ay Jams, me encanta cómo has contado esa época, y cómo lo has resuelto con el amor de Charo y Mauricio y su hijo miope.
Abrazos, boss.
¡Muy bueno!
Maldita guerra que nos separó para siempre. Aunque hay exenciones. Tu pártela ha desafiado esa inercia que condena a este país a no entendernos.
Me encantan los personajes y me admira ser capaz de desarrollar tanta historia y condensarla en tan pocas líneas.
Muy muy bueno.
Qué bonito. Sintetizado y profundo. Me ha gustado mucho, Jams.