Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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11. EL RELOJ DE FLORA (Mariángeles Abelli Bonardi)

Está convencida: a las mejores las marcan ellas, cada una abriéndose y cerrándose a su hora señalada…

Cinco de la mañana: despierta la amapola, lista para enrojecer el día.

A las seis, se desenreda la enredadera, sólo para volver a enredarse en cuanto muro o tutor encuentre.

Siete de la mañana: el nenúfar se abre y se mira en el espejo de agua.

A las once, el cardo despliega su punzante arquitectura.

Pasado el mediodía, se repliega la caléndula. Deja de rugir el diente de león. Bosteza el Don Diego de Noche, ha sido todo por hoy para él… Flora las nutre con tierra, les da de beber; arropa con nailon sus ritmos circadianos… Se despide con un beso al aire y cierra el invernadero: mañana será otro día.

14 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    La naturaleza en general, y las flores en particular, no precisan reloj para conocer el momento en que han de hacer, o dejar de hacer, una cosa u otra. Los seres humanos somos diferentes, demasiado complejos, a veces nos quedamos sin dormir, otras lo hacemos a deshora; las manecillas o los números digitales marcan nuestras jornadas, cada vez más lejos del dulce abandono. Flora es diferente, ella sabe leer el lenguaje de las flores y sus horas. Deberíamos aprender más de la naturaleza y no empeñarnos en enredarlo todo tanto.
    Un relato que reivindica la vida sencilla, la autenticidad y la sabiduría implícita en cualquier ser vivo, animal o vegetal, de quien siempre se puede y seguro que hasta se debe aprender.
    Un abrazo y suerte, Mariángeles

  2. Me encantan las personificaciones que le has adjudicado a esas preciosas plantas. “Deja de rugir el diente le león”, la que más. Y hasta he encontrado una discordancia entre tu Don Diego de Noche y el nuestro: el de aquí hace justo lo contrario, duerme todo el día y despierta al caer la tarde.

  3. Barceló Martínez

    Estimada Mariángeles.
    Es un añadido al placer de leerte el placer de poder comentarte.
    Me ha gustado muchísimo la propuesta que presentas en esta convocatoria. Decirte que el ritmo que utilizas en la narración se me antoja poético.
    Un reloj que no viene marcado por las horas, un relato hermoso en un tiempo en que viene muy bien focalizar el pensamiento en cosas positivas.
    Un cálido y amistoso saludo.

  4. Querido Ángel: Flora no se rige por el reloj convencional; ha aprendido a que sus horas las marquen los ritmos de la amapola, el nenúfar, la enredadera, y todas las otras flores y plantas de su invernadero, a las que diariamente, con tanto amor se prodiga… Si como bien decís, viviéramos más auténtica y sencillamente, aprendiendo de plantas, animales y otros humanos, cuánta menos neurosis y más tranquilidad tendría nuestra vida, ¿verdad?…
    Como siempre, leer tu comentario y maravillarme es toda una misma cosa; cada palabra tuya amplía y embellece mis textos… ¡Gracias totales!

    Te mando un beso grande,
    Mariángeles

  5. ¡Muchas gracias, Edita! A mí también, esa personificación del diente de león es la que más me gusta… Y con respecto a lo que mencionas sobre el Don Diego de Noche, tenés razón: leyendo sobre el reloj floral de Carlos Linneo, el botánico que lo inventó, aprendí que una misma flor puede variar su hora de apertura y de cierre según la luz que reciba y el hemisferio en que se encuentre, ¿no es maravilloso?

    Besos,
    Mariángeles

  6. Querido Barceló: a esta propuesta mía sin dudas se la debo a esta casa enteciana; leyendo las definiciones de los distintos relojes, fue toparme con el «reloj de flora» y encontrar la pepita de oro: ¡Con «flora» ya tenía el personaje! Luego fue cuestión de ponerme a investigar y a garabatear y el resultado fue éste que tanto te ha gustado… En cuanto al ritmo poético, debe ser por mi nunca abandonado gusto por la poesía; ya no la escribo con tanta frecuencia, pero se ve que su ritmo se me cuela en los micros, jaja… Que te parezca hermoso el relato es un mimo para el alma… 🙂

    Besos y abrazos para vos,
    Mariángeles

  7. María Jesús Briones

    Me encanta, por lo poético, las diferentes analogías que haces de las plantas con las imágenes escogidas en cada hora.
    Un relato muy original que invita a enamorarse de la botánica.
    Suerte y un besito virtual, Mariángeles

  8. Hola Maríángeles, nunca leo ningún relato(casi nunca) hasta que no he colgado el mío (una manía como otra cualquiera). ¿Te has dado cuenta de que vamos en la misma línea? eso de la biología nos ha tocado el corazón a las dos, jajaja. Me encantan tus relatos porque son frescos y cuentan las cosas así, con la sencillez y la humanidad que te caracteriza. Gracias por eso. Un abrazo y un beso.

  9. Hola, Mercedes. Al parecer, vos y yo tenemos la misma manía, o cábala o como se llame… Lo cierto es que me parece que, de leer un mini ajeno con antelación, perdería todo el sentido de juego y el impulso de escritura del mío… Y sí, creería que vamos en la misma línea (ya estuve leyendo tu micro y, apenas pueda, lo comentaré), pero a decir verdad, lo mío con la biología es más bien una cosa de familia: tanto mi mamá como mi hermana son biólogas, y yo me crie en todo ese ambiente de plantas y bichos, así que no me fue difícil morder el anzuelo del «reloj de flora» que Entc nos tiró…

    Gracias a vos por todas las cosas lindas que decís sobre mi escritura… 🙂

    Más abrazos y besos,
    Mariángeles

  10. ¡Muchas gracias, Carmen! De no haber leído lo del «reloj de flora» en la definición de la palabra reloj, no se me hubiera ocurrido una historia semejante, y eso se lo tengo que agradecer a ENTC… Como decía Picasso, «cuando venga la inspiración, que me encuentre trabajando», jaja…

    Besos y suerte para vos,
    Mariángeles

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