Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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12. Malvas y blancas (Susana Revuelta)

Sale el sol aligerando de rocío las telarañas y despertando los aromas del campo: limón, lavanda, tierra mojada, estiércol fresco de vaca. Se oyen ladridos, ruido de tractores, el trino de aves alborotadas.

De estos sonidos y olores, Hanna no percibe nada. Cada mañana disimula los pinchazos en el pecho para no preocupar a sus compañeras del albergue, que intentan animarla charlando con ella, sacándola a pasear. Llega después la traductora y les enseña en español el nombre de algunas plantas: hortensias, margaritas, lirios, jaras.

Pero su mente está en su balcón, a miles de kilómetros de distancia. Allí tras el verano no sobrevivían ni azaleas ni camelias ni nada; se amustiaban en cuanto se debilitaban los rayos de sol. Además era tan pequeño que apenas cabían cuatro macetas, el tendal y la silla donde se sentaba Viktor a fumar. Siente otra punzada en el alma al recordar cómo le reñía cuando se encendía un cigarrillo, ¿no tragas bastante humo en la fábrica?, solía decirle, mientras le quitaba el paquete enfadada.

Hanna escucha esas palabras extrañas y reza en voz baja. Solo pide que su corazón resista, para poder regresar y depositar un ramo de flores en su tumba improvisada.

 

 

3 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Tu protagonista ha pasado por terribles vicisitudes que no es capaz de superar. Debería de sacar fuerzas para tratar de adaptarse al lugar que le ha acogido, al menos de forma temporal y aunque sea un poco con alfileres, pero ella está rota por dentro, no es capaz de percibir belleza alguna en lo que le rodea, ni la buena intención de las personas que tratan de ayudarla. Solo recuerda una pérdida, está apegada a un pasado que ya no existe, estancada, sin fuerzas.
    Un relato de una tristeza sin concesiones, en el que se anula la esperanza de una segunda oportunidad cuando no se pone nada de sí mismo, porque no se quiere o porque no se puede.
    Un abrazo y suerte, Susana

  2. Detrás del dolor y la tristeza infinitos de tu protagonista veo dos guerras: una, la de las bombas, que es posible que tenga fin algún día; otra, tan cruel como la primera, en el alma de la superviviente sin esperanza de solución.

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