18. Abisal ( Paz Monserrat)
De niña se iba a dormir agarrando con fuerza un billete de diez euros. Necesitaba saber que podría telefonear a sus papás si un día despertara en otro país. Solo así se deslizaba tranquila hacia la inconsciencia. Al bajar por ese tobogán, mientras arrugaba el billete contra su barriga, ponía en fila todos sus miedos y los desactivaba uno a uno. Si temía —por ejemplo— que su mamá fuera atacada por un cocodrilo, recreaba la escena. Justo antes de que entrase en el río africano le advertía de que no llevaba gafas. Ella se las ponía, miraba, y la cola del reptil desaparecía en un remolino rabioso y marrón.
Cuando la abuela supo que dormía con el puño apretado, le cosió un bolsillo en el centro del pijama para guardar el dinero. A partir de ese momento pudo descansar confiada, y los diez euros permanecieron tersos y sin uso.
Anoche se soñó buceando entre dos azules. Nadaba con delfines y otros seres más oscuros. La apnea la ha despertado en una habitación extraña. Tras una tremenda bocanada de aire se palpa la zona donde estuvo el marsupio del pijama. Y sólo encuentra un océano rebosando el cuenco de su ombligo.


Una manera de evitar la incertidumbre es agarrarnos a las certezas que están a nuestro alcance. Tu niña se aferraba a los diez euros y esto le daba tranquilidad. Me ha gustado ese final un poco fantástico en el que se despierta del sueño habiéndose traído parte de él.
Un abrazo
Un texto hermoso, fantástico, tierno… Pero en mi has dejado una incertidumbre muy preocupante. El último párrafo creo que esconde algo grave. O no…
Cada aventura de nuestro inconsciente es pura incertidumbre, nunca sabemos qué vamos a soñar y, cuando lo hacemos y somos capaces de recordarlo, a menudo no conocemos su sentido, pero sí podemos percibir si esas ensoñaciones eran positivas o no. El ambigüo despertar de tu protagonista es la mayor de las imcertidumbres: dudar entre lo real y lo que no, en una inquieta tierra de nadie, a mitad de camino entre dos mundos
Un abrazo y suerte, Paz