19. La última
Al hombre de tez cetrina y ojos enramados le tiembla el pulso, no acierta a meter la llave en la cerradura del piso. Con la del portal tampoco pudo, menos mal que le abrió un vecino. Se enerva, blasfema con voz pastosa, da un puñetazo, después un alarido. Pega el dedo al timbre hasta que oye los pasos de Angelines, que descorre el cerrojo y, sin lamentos ni reproches, regresa a la cocina.
A gatas se arrastra hasta el salón, vocifera «¡Angelines, la cena!», pero enseguida cae rendido sobre la alfombra. Los párpados le pesan, le corre la baba por la mejilla. Su respiración entrecortada se va acompasando, haciendo más ruidosa y profunda, hasta quedar inconsciente, sumido en una bruma de ronquidos.
Cuando despierta, la quietud de la casa le desconcierta. El tictac del reloj de pared, el zumbido del refrigerador, una mosca que choca contra la ventana, la tarima de madera que cruje bajo su peso. Extrañado, aguza los sentidos, intentando oler un guiso, escuchar el cacharreo de la mujer, un cajón que se cierra, un suspiro. Entonces brama «¡Angelines, ven aquí!», hasta quedarse ronco, para terminar susurrando lloroso, bañado en un sudor frío, «no tienes huevos de irte».


Genial, Susana. Y este es de los que luego, como siempre, no hay que corregir.
Un beso.
Se le acabaron las certezas a este personaje. La de que su compañera estará cuando él llegue borracho, que le hará la comida y que responderá cuando la llame. Al final solo le queda la incertidumbre de si se habrá ido. Espero sinceramente que lo haya hecho, jajaja.
Un abrazo
Parece que Angelines sí tiene huevos. Y formas para acabar con las certidumbres del pasado.
Muy bien contado. Enhorabuena Susana.
“Siempre hay una primera vez”. Eso era antes. Desde hoy será “Siempre hay una última vez”.
Es posible que Angelines, hastiada de una situación tan insostenible como repetida, no aparezca más, pero a él aún le queda la duda, hasta que se percate de que toda paciencia tiene un límite, y que la comprensión de una parte se agota si nadie pone nada en la otra.
Un abrazo y suerte, Susana