Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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20. La certeza de que nada cambia

Aquella mañana, mientras Miguel desayunaba, su mujer le llamó Pedro. De inmediato pensó en una infidelidad, pero sus hijos respaldaron a su madre: papá se llamaba Pedro.

Marchó al trabajo convencido de que se trataba de una broma muy elaborada. Sin embargo, al llegar a la oficina descubrió que también era Pedro para todos sus compañeros. Su correo electrónico lo confirmaba.

Atónito, fotografió su DNI.

Al día siguiente se llamaba Juan. Luego José. Después Antonio. Las fotos de su DNI y su dirección de correo cambiaban con él cada día.

Los psiquiatras hablaron de trastornos de memoria, pero los neurólogos no encontraron anomalías. Estaba al borde de la locura. Dormía poco, obsesionado con averiguar cuál sería su siguiente nombre.

Una tarde, en la sala de espera de la clínica, un anciano se sentó a su lado.

—Hola, Miguel.

Por primera vez, alguien lo reconocía. El anciano le contó que había pasado por lo mismo.

—¿Y cómo lo superó? —preguntó Miguel.

—Comprendiendo que lo único que cambia es tu nombre —sonrió el anciano.

Aquella noche durmió plácidamente. Los nombres siguieron rotando —hasta los de los reyes godos—, pero algo en él dejó de hacerlo: la necesidad de encontrar una explicación.

4 Responses

  1. Gema Herráez

    ¡Qué bueno! Un cuento que aunque con un toque fantástico plantea el interesante tema de quienes somos realmente. Que nos da la certidumbre de nuestra existencia ¿nuestro nombre, nuestro carnet de identidad ? O ¿quizás lo que somos,lo que hacemos y lo que sentimos?
    Un abrazo

  2. Ángel Saiz Mora

    Todo está en permanente cambio, aunque necesitamos pensar que siempre somos los mismos, al menos ante nuestros propios ojos.
    Un abrazo y suerte, Marca

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