24. El tangazo (Aurora Rapún Mombiela)
Solo bragas de algodón, de las que abrazan. De las que no entran ni salen. No se ensañan. Cómodas, confortables y perfectas. Como su matrimonio. Por eso se debaten entre dudar o no dudar.
El tambor de la lavadora está abierto; el cubo, lleno de la colada recién lavada. El tendedero, todavía vacío.
Transcurren unos minutos desde que la confianza recibe un fino corte, apenas perceptible, pero suficiente para deshilachar la costura.
Esos tensos minutos en los que la joven que acaba de prometerse decide cómo lo va a resolver.
Ha aceptado el trabajo. Ha acudido a esa casa por primera vez, se ha cambiado en el cuarto de baño y se ha esmerado: suelos, cristales y lavadora, por favor. El cubo de la ropa sucia está al lado del lavabo. Tras cobrar, se ha ido a toda prisa sin tan siquiera cambiarse, con toda la muda embutida en una bolsa de plástico. O casi toda.
Si no fuera porque se conocen.
Si no fuera porque es increíble.
Suena el timbre, la joven sonrojada que viene acompañada por un chico delgado remienda, con hilvanes tímidos, el descosido.

