Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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49. LECCIÓN DE SOCIOLOGÍA (Edita)

Rosario llega al tanatorio y no se despega del cristal. Busca en el rostro de su prima muerta algún rasgo conocido. Los recuerdos de una infancia remota en común invaden la memoria.

Acompañada por sus padres y hermanos, cruza el río en barca y remonta senderos angostos hasta la casa de los abuelos. Allí disfruta las fiestas con Felisa y los demás primos dos veces al año. Aunque, según va creciendo, empieza a molestarle que a su prima nunca le toque dormir en el colchón del suelo y que presuma tanto de colegio privado o vestidos sin estrenar. Un día, Felisa asegura ser gran coleccionista. Rosario desconoce el significado de la palabra. Acostumbrada a tener problemas para renovar un simple lápiz, le cuesta comprender cómo es posible amontonar cosas inútiles. En cambio, entiende al instante lo diferentes que son. Algo entre ellas rompe definitivamente. Cuando, por fin, le presenta su maravillosa colección de envoltorios de caramelos, Rosario alucina; no solo por los papelitos multicolores, sino por la cantidad de golosinas que habrá saboreado previamente.

Huele a caramelo. Se le llena la boca de saliva; y los ojos, de lágrimas. Alguien la coge del brazo sugiriéndole abandonar la cristalera.

 

10 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    La muerte no respeta a nadie, ni entiende de clases sociales. Los sentimientos, tampoco.
    Tu protagonista rememora en la despedida de una amiga de la infancia las cosas que les separaban, como consecuencia de una vida que para unas personas viene envuelta en terciopelo y para otras solo puede ser áspera. Pero hay algo por encima de todo ello: los sentimientos, los que hacen que Rosario sienta sinceramente el final de alguien a quien sin duda envidió, porque también termina con él una parte de su propia existencia y preludia su inevitable desenlace.
    Un relato con la psicología de los personajes muy bien delimitada. Llegamos a comprender a Rosario, casi a sentir lo que siente.
    Un abrazo y suerte, Edita

  2. J. Ignacio

    Buenos días. Aunque a las doncelas encantadas no os agrada que os vayan a buscar al castro donde habitáis, te he visto, hace unos minutos, rondar por entre los cimientos de la torre y no he podido resistir la tentación de acercarme a saludarte. Quizá no me recuerdes, pero en otro tiempo compartimos guiños y comentarios.

    Respecto a tu texto, confieso que hubiera querido atender más a la estructura que al contenido en sí, pero es una historia con tanta fuerza que me siento incapaz. Creo que dices más de lo que cuentas, y que hay un choque de sentimientos y experiencias, buenas y no tan buenas, pero al final se imponen la nobleza y lo positivo. La añoranza de los momentos felices y compartidos, más que las posibles diferencias, envidias o carencias. Bueno, pero aquí lo importante es que consigues llevarte al lector a tu terreno, pues se lee del tirón y uno va desgranando cada detalle al ritmo que tú marcas.

    Lo de coleccionar papeles de caramelo tiene, en particular, una dualidad brutal que tú, sin embargo, resuelves con una naturalidad pasmosa. Podrías haber construido un relato sólo con esa idea. Y es que, como me dijiste tú una vez, más no se puede.

    Y ahora debo dejarte… ya sabes que si permanezco mucho tiempo en el palacio de cristal, acabaré quedando retenido para siempre, y mucho me temo que nunca permanezco demasiado tiempo en el mismo lugar, al menos en este medio que han dado en llamar cibernético.

    Te deseo muchas saudades, por supuesto en su vertiente positiva, que también la tienen. No podría ser de otro modo tratándose, como se trata, de toda una dama do castro.

  3. Los dos comentarios anteriores son muy espectaculares, ya aviso que el mio es más breve: me encanto tu relato y lo que coleccionaba felisa no me lo esperaba, pensé que coleccionaria algo más lujoso. Con unos simples papeles de basura se ve la diferencia en las vidas de ambas, lo que para felisa era una coleccion un poco ‘tonta’ ya que son envoltorios de caramelos, para Rosario significaba algo totalmente distinto.

  4. La dulce colección de Felisa tiene un sabor muy, pero muy amargo, en el paladar y, sobre todo, los recuerdos de Rosario, que en los rasgos ahora desconocidos de su prima muerta encuentra esa terrible lección de sociología que aún hoy la marca…

    Un gran relato sobre las diversidades y desigualdades de las vidas.

    Te felicito, EDITA.

    Cariños,
    Mariángeles

  5. Salvador Esteve

    El dinero espolea la diferencia social entre las protagonistas. Pero esta es frágil, pues los recuerdos y las vivencias vencen a la envidia, y el dulce de los caramelos es diluido por la sal de sus lágrimas. Sensaciones a flor de piel. Me ha encantado, Edita. Un abrazo.

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