54. El infiltrado
Llevaba demasiado tiempo sin haberse manchado las manos. Las excusas habían sido buenas, pero intuía que los de arriba no se tragarían ni una más. Pronto empezarían a sospechar de su pasado. Aunque estaba avalado por un magnífico currículum, sus supuestos méritos como sicario eran difíciles de probar.
Por eso reunió el coraje suficiente y se ofreció voluntario para el siguiente trabajo. El jefe en persona le entregó una carpeta con todo lo necesario: la dirección donde encontraría a la víctima, un fajo de billetes como adelanto y una escueta sinopsis de la misión. —Nivel 4: ejecución— leyó ante el jefe sin pestañear.
Llegó puntual a la dirección. No había nadie. Le resultó extraño. Muy extraño. Era un fallo impensable que la víctima no se encontrara allí. —A no ser que… —pensó mientras su espalda se deslizaba despacio pared abajo dejando un rastro de sangre en el papel pintado.

