Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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54. Noctívago (A. Parada)

Cruzo el umbral del portal y lleno mis pulmones de aire fresco. Miro al cielo oscuro y echo a caminar. «No debería salir a estas horas» pienso mientras la noche me arropa.

Un gato se cruza delante de mí. Se para, me mira un segundo extrañado y continúa. Yo, en la libertad de una calle vacía, lo sigo en silencio, a una distancia prudencial. El felino se mueve lento y tranquilo durante tres manzanas cuando salta la valla de un descampado y abandona mi compañía.

Avanzo mirando al cielo y pienso: «este es mi lugar, aquí pertenezco».

Como ese gato negro, o las estrellas que titilan sobre mí o como esa farola de luz intermitente.

La deriva me arrastra a un pequeño parque. Noto el cambio de textura bajo mis pies al pisar la tierra y cómo altera el sonido de mis pisadas. Me doy cuenta entonces que, bajo la sombra de un árbol en un banco, una joven pareja habla entre susurros.

Intimidad, cercanía y calor.

Paso por delante sintiéndome un intruso, tratando de esquivar sus miradas mientras me disculpo mentalmente. Metros más adelante, decido volver a casa. Pues ellos, de pronto, pertenecen a la noche más que yo.

14 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Alma solitaria buscó su ambiente más propicio, pero solo para constatar, al final, que esa soledad, quizá, no era tan deseada.
    Original propuesta, tocayo.
    Un abrazo y suerte

  2. Rosalía Guerrero

    Como mola caminar a solas de noche. Hay una hora en que todo el mundo se ha acostado, pero quienes madrugan aun no han comenzado a salir. Pues justo entonces.
    Un abrazo y suerte.

    1. Gema Herráez

      Tu relato me sugiere que a lo que más pertenecemos es a nuestras rutinas, costumbres en definitiva a lo cotidiano y cercano donde se desarrolla principalmente nuestras vivencias.
      Un abrazo

  3. Hay quienes salen de noche por el insomnio y quienes lo hacen porque, por un instante, sienten que el mundo les pertenece. Me ha encantado esa pequeña deriva entre gatos, estrellas, farolas y silencios… y, sobre todo, ese final. Basta encontrar dos personas compartiendo intimidad para descubrir que quizá la noche ya tenía otros dueños. Precioso y melancólico.

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