56. Desviarse de la norma
Muchas tardes, la joven de la última fila se desahoga en la pared de la casa del profesor de lengua y literatura. Esgrafiadas con un objeto punzante, le deja frases en las que conjuga en presente irregular su amor no correspondido: «Eres mi bida», «Estoy loka por tí», «Sino es aora, kuándo?».
En un par de semanas la pared parece un enorme pupitre, castigado con cientos de mensajes que hieren la vista y el corazón del docente. Cada error lo punza como una ortiga, pues arrastra desde niño una aversión obsesiva a los deslices ortográficos. Y a la maldita soledad.
Hace dos días que ella no ha vuelto a resbalarse por allí. Al amanecer, cuando la ciudad aún guarda silencio, él se arma de valor y le escribe con tiza roja: «Me faltas».


Valor el de ella, al posicionarse tan claramente y sin disimular sus defectos, y tanto más el coraje de él, que se sobrepone a sus principios profesionales para manifestar, tan públicamente como ella, sus sentimientos y necesidad de compañía por encima de todo.
Otra original historia de tu factoría, que muestra que merece la pena romper las normas si la causa lo merece.
Un abrazo y suerte, Raúl
Una relación interesante! Masoquista él. Dominatrix ella. Aquí quien es el que tiene el coraje?
Original punto de vista.
Buen título, buena historia. Los dos tienen coraje. Suerte, Raúl.
Como en todo, hay que escuchar las dos versiones. Gran micro, Raúl.
Los polos contrarios se atraen. Y aunque son el agua y el aceite, el coraje de ambos hace el milagro: que se desvíen de la norma, que compartan densidad para que los dos puedan flotar en presencia del otro. Muy bien.
Me faltan tus faltas, escribió.
Me parece precioso y original. El humano somos muy propensos a darnos cuenta de lo que teníamos cuando lo perdemos, ingratos.
Mucha suerte y un abrazote, Raúl.
Para romper las normas hace falta tener Coraje, y en tu historia ambos lo tienen, aunque no sé quién es más valiente.
Un abrazo y suerte.
Tu relato me ha recordado a la canción de Radio Futura “corazón de tinta” en ella también le parece mal que dibuje corazones la chiquilla que esta enamorada de él. El amor juvenil cadi infantil suele poner su diana en personas inalcanzables.
Y tu profesor, como no, cede al ego de sentirse el blanco de esa admiración.
Me ha encantado el final con ese doble sentido.
Un saludo
Que vueno, Raúl! Lo buelbo a leer en el libro.
Raúl, muy original, aunque cierto es, que no sé quien de los dos tiene más coraje. Muy chulo!
Un saludo
Me faltas, jajaja. Yo ya te digo, Raúl, que si se me declararan con todas esas faltas no sé si sería capaz de sobreponerme. Desde luego, hay que tener coraje. Un abrazo y mucha suerte.
¡Qué hermoso tu cuentito, querido Raúl!. El amor casi siempre puede superar obstáculos que, a priori, parecen insalvables. Y el valor de los protagonistas de tu relato lo demuestra a la perfección. Un abrazo y suerte.
Qué bueno, qué bien juegas a ese amor prohibido, a esa valentía que demuestran ambos personajes para hacer visible al mundo su amor, a pesar de las patadas ortográficas y a lo socialmente incorrecto de la relación… a tenor de una más que presumible diferencia de edad que seguro hace que uno de los protagonistas ni siquiera pueda ejercer su derecho al voto. Bravo, maestro