Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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59. El patio

Sus dedos, por pasar el rato, trenzan peciolos desnudos de falsa acacia con los que crea animalillos amorfos. Aunque nadie se interese por su destreza. Mira a su alrededor deteniéndose a envidiar la gracia y precisión de las que saltan a la comba, la agilidad de los que juegan a baloncesto, el glamour que destila el corrillo de las guapas, el magnetismo que emana del grupito de los mayores. Los estudia a todos, busca diferencias, cualidades que emular.

Uno de los pequeños, atraído por su actividad, se sienta a su lado y hace mil preguntas, pero no pone empeño en  deshojar las ramitas con el «gallo-gallina», ni quiere aprender a hacer trenzas: huye hacia los columpios.

Un balón la golpea y cae a sus pies. Se levanta dolorida, pero sonriente, e intenta devolverlo de una patada. Tropieza con el banco y el improvisado zoo de cestería va al suelo. Un compañero de clase se acerca a buscar la pelota. No pide perdón, ni la invita a jugar: la mira  con un mar de desprecio.

Comienza a llover, la gente corre a refugiarse. Ella trata de imitarles. Resbala, trastabilla. Sus gruesas gafas se enturbian con incómodas gotitas. Sus ojos, también.

22 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Todas las personas son únicas, pero algunas más que otras, tanto, que les cuesta formar parte de un grupo con afinidades que no comparte, o que alguien quiera entrar en el suyo, aunque esté abierto. Su disyuntiva es difícil: someterse a costa de su verdadera esencia, o un cierto aislamiento e incomprensión.
    El relato de un drama que puede parecer menor, o pasajero, pero que no lo es para tu protagonista.
    Original y contado con belleza y sensibilidad.
    Un abrazo y suerte, Eva.

  2. Rosa Gómez Gómez

    Chica incomprendida. La diferencia se suele despreciar. Mica se sabe, puede que sea el inicio de si futuro como creativa.
    Muy bien contado.

  3. Puri Rodríguez

    Es inimaginable la desolación cotidiana de tu protagonista, querida Eva. Los seres especiales son los verdaderos valientes del mundo y ojalá supiéramos verlos, cada día, a nuestro alrededor. Porque están muy cerca, más de lo que imaginamos, y no deberían derramar una sola lágrima por nuestra culpa. Un abrazo, guapa.

    1. Eva García

      Puri, a veces es difícil quitarse as gafas de ‘lo normal’ para ver lo extraordinario. Me gustaría a mí saber quién dicta y valida lo que es admirable y lo que no. Gracias por comentar. Un beso a ti también.

  4. Sólo quien ha pasado por algo así puede conocer y reconocerse en el sufrimiento de esta niña. Para muchas, y más en la actualidad, el patio del colegio es un campo minado, donde abundan la soledad, el desprecio y la indiferencia. Que esto hoy en día tenga un nombre anglófono, moderno y biensonante, no lo hace menos frecuente y menos doloroso. El bullying por desgracia siempre existió, y que no siga existiendo depende de hacer cosas como contar esta historia, que aborda el tema y ayuda a crear conciencia en la mente del lector.

    A mí, en lo personal, el micro me toca una fibra muy sensible. Y así y todo me encantó, Eva.

    Un beso grande,
    Mariángeles

    1. Eva García

      Gracias Mariángeles. Existió y existirá mientras no haya conciencia de que nadie es mejor que nadie. A veces es difícil conjugar dos maneras de ver el mundo, de sentirlo o de poder vivirlo, pero deberíamos ser lo suficientemente humanos como para encontrar espacios comunes. Me alegra de que te haya gustado, esa fibra muchos la llevamos dentro por diversas razones, aunque pasemos la vida tratando de superarla e incluso ocultándola. Un beso enorme.

  5. Gema Hereáez

    La historia del mundo. Siempre el rechazo al otro, al diferente. Y el ansia del otro a ser aceptado, a integrarse. Y desde luego el símil del patio de colegio lo describe muy bien. Me gusta como dibujas a tu personsje, su aparente torpeza que contrasta con su creatividad. Y sin embargo envidia la normalidad de los demás. Muy interesante .
    Un abrazo

    1. Eva García

      Gracias Gema por verlo así. Siempre queda la esperanza del cisne que era un patito feo. Debería haber espejos con IA que nos mostraran cómo somos realmente . Un abrazo.

    2. Hola Eva:
      Falsa acacia, de niños llamábamos a esos árboles Panyquesito, y mordisqueabamos las flores. En parte eso me ha ayudado a visualizar los animalitos trenzados, y ese día a día de la protagonista. Los adultos deberíamos saber ver eso, para ayudar a que comprendan (comprendamos) esas absurdas normas q gobiernan el mundo, y así poder transitar mejor por él. O de una forma más dulce (como el panyquesito 😉)
      Abrazos grandes

      1. Eva García

        Exacto, Alberto. El panyquesito que para unos era solo una golosina floral y otros le encontraban usos más allá. Distintos modos de apreciar las cosas… Gracias por tus palabras. Un abrazote.

  6. En el patio todos quieren integrarse en uno u otro grupo por no ser los «raros», los «rechazados» por los demás, y no siempre es fácil. Espero que este «patito feo» pronto lo deje de ser.
    Un beso, Eva.
    Carme.

  7. Rosalía Guerrero

    Eva, qué bien has contado esa soledad infantil, ese sentir que no encajas en ningún sitio. Suele ser una experiencia que marca de por vida. Por suerte, la mayoría acaba encontrando su lugar con gente igual de «rara».
    Un abrazo y suerte.

  8. Un relato muy sensible que retrata con ternura esa dolorosa necesidad de sentirse parte de los demás. El final, con esas gafas y esos ojos empañados por la lluvia, es precioso y conmovedor. Enhorabuena, Eva.

    1. Eva García

      Gracias Sergio. Somos abimales sociales y queremos formar parte del ‘rebaño’. La necesidad de aceptación va en nuestro ADN. Un abrazo.

  9. Los espacios escolares con frecuencia son testigos de crueles realidades para los diferentes. La necesidad de pertenencia al grupo va innata en el ser humano. Lamentablemente, la ignorancia y la crueldad también. Muy duro y muy bien contado desde dentro del personaje. Enhorabuena, Eva.

    1. Eva García

      Gracias Miguel Ángel. Por mucho que queramos ptoteger a los pequeños, el colegio es una piedra de toque. Un abrazo grande.

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