Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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62. Carpe diem (Susana Revuelta)

De toda la vida cuando alguien iba a morir vislumbraba esperanzado una luz al final del túnel o se relajaba viendo pasar su existencia en imágenes. A los elegidos, una estrella celestial los conducía hacia el sueño eterno. Pero cuando se ponían remolones iba la de la guadaña a por ellos.

Esto lo sabía bien Ernesto. Atesoraba un buen puñado de finales, unos más de andar por casa, otros más épicos. Fue siempre un gran apasionado del cine, del malo y del bueno; a él lo que le interesaba realmente era ver cómo los personajes afrontaban el postrero momento.

Pensaba por ello que, cuando le llegase su hora, estaría preparado para encarar lo que pudiera tocarle. Para el dolor o para una muerte reposada en el hospital, rodeado de sus familiares. Pero lo que nunca imaginó es que el día de su boda, por insistir en afeitarse en plan profesional, a navaja, se seccionaría la yugular. Y que mientras se desangraba en el suelo del baño, le daría la risa floja imaginando a sus amigotes aburridos fuera de la iglesia con un saco enorme de arroz y la cara que se les estaría poniendo.

3 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Sabemos que somos mortales, pero nos resistimos a pensar siquiera en ese final, creyendo tal vez que, de esa forma, no nos llegará nunca lo que es inevitable, para lo que nunca estamos del todo preparados y siempre nos deja perplejos. Ni siquiera tu protagonista, un personaje peculiar, coleccionista de finales de cine, fue capaz de prever el suyo propio, que le llegó cómo y cuándo menos esperaba. Al menos, el hombre se despidió riendo, convencido de que nadie escapa a ese momento por muy preparado que crea estar.
    Un relato que puede parecer quizá, algo tétrico, pero que es todo lo contrario, muy vital, esa risa floja final tal vez enseñe a relativizar, a aceptar algo que habrá de llegar antes o después, si es con una sonrisa, mejor.
    Un abrazo y suerte, Susana

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