80. De vuelta
Por las mañanas se sienta en la sala de espera y escucha las dolencias de los habituales del lugar: una tos perruna que nunca cesa, un dolor de rodilla, unos mareos con vómitos. Una señora con los ojos enrojecidos habla de su insomnio; un joven, de unas fiebres que desaparecen al ponerse el termómetro. Matías hace suyos aquellos síntomas y vuelve a casa cojeando, con destemplanza y fatiga, tosiendo, dando tumbos, convencido de que esa noche ni los calmantes más aguerridos lo dejarán dormir.
Desde que se quedó viudo, ha regalado las pertenencias de Elena y ha vaciado su hogar de recuerdos. Ahora pasa el tiempo tumbado en el sofá, mirando la pared, y su hipocondría se ha convertido en su mejor aliada. Por eso cada mañana recoge achaques ajenos que entretengan sus tardes.
Podría ir a urgencias, donde los casos son más graves, pero allí reina el silencio y nadie se queja. En el centro de salud, sin embargo, oye y aprende nuevas patologías que amplían las goteras de su cuerpo.
Si sigue con las visitas, calcula que pronto va a morir de una enfermedad que no existe y recuperará, al fin, todo lo que ha perdido.


Cada cual es feliz a su manera, incluso a base de padecer. Incluso cuando la vida deja de tener alicientes para vivirse, puede surgir otro: el de querer marcharse al sentir que ya no se pertenece a ella.
Un relato que muestra lo complejos que podemos llegar a ser.
Un abrazo y suerte, Pablo
Gracias de nuevo, Ángel, por tus certeras palabras. Como siempre, da gusto leer tus comentarios y cómo eres capaz de sacar la chicha al relato.
Un fuerte abrazo.
Lo que empieza pareciendo una excentricidad termina provocando ternura y una sonrisa triste al final. Precioso, Pablo.
Abrazotes.
Muchísimas gracias, Ana. Ya ves, hay tanta gente solitaria en los centros de salud que uno no sabe qué pasa por su cabeza. Y yo imaginé que Matías iba para irse de vuelta al otro lado.
Un beso fuerte.
Una depresión muy original. Cada cual se muere como quiere!
Y tanto. Cada cual elige su destino. Gracias por pasarte por aquí, Rosa, y acompañar a Matías en su depresión.
Un saludo.
Hipocondríaca historia de amor.
Una forma original de llenar la ausencia de su gran amor.
No me extraña que los Centros de Salud estén saturados.
Son cuna de remedios imposibles.
Enhorabuena, maestro.
Sí que están llenos los centro de salud, jajaja, pero lo mismo es por las largas e interminables listas de espera. Es cierto que son un foco de historias, y para Matías, observador y oyente, una fuente de nuevas enfermedades que siente una tras otras.
Gracias por tu comentario, Miguel Ángel. Si hablamos de maestro ese eres tú.
Un saludo.
¡Guau! Me ha encantado tu cuento que aunque parece y transita por el realismo mágico también relata muy bien la tristeza y la ausencia por la pérdida de un ser querido. Y hasta tiene una base real psicológica, la hipocondría, algo que muchas personas padecen y que como tu protagonista llegan a experimentar síntomas de enfermedades que creen tener.
Perdón por el rollo pero es que el cuento tiene muchos temas, jajaja.
Un abrazo
¡Jo! Gracias por tu pedazo de comentario, Gema. Me encanta que te haya gustado y que hayas visto los temas que se van tocando. No sabes la de gente que tiene hipocondría, más de la que parece. En cuanto a la tristeza, supongo que la soledad y la nostalgia de Matías por una compañera de toda la vida es complicado de gestionar.
Un beso muy fuerte y gracias de nuevo.
Pobre Matías, esperando su fin para volver con Elena… pero qué bonito lo cuentas (me encanta: «amplían las goteras de su cuerpo»).
Es alguien muy lleno de amor quien puede escribir tan bien sobre ello.
Un beso,
Carme.
¡Vaya, Carme! Muchísimas gracias por lo que dices. No sé cómo se me ocurrió lo de ampliar las goteras de su cuerpo, cosas que aparecen de repente mientras uno va dando cuerpo a la historia. Me alegra mucho que te haya gustado.
Un beso fuerte.
Qué maravilla, Pablo, me gusta mucho la forma en que Matías va absorbiendo las dolencias de la gente, y que solo se desvele el motivo al final.
Y, por supuesto, lo de «ampliar las goteras de su cuerpo» es fantástico.
un abrazo y suerte.
Muchísimas gracias, Campeona. Me alegra muchísimo que te guste la historia de Matías y esa frase que surgió mientras la escribía. Y gracias también por aparecer siempre, como otros más que se han sumado a nuestro querido Ángel.
Me has puesto muy contento.
Dale recuerdos a Ramón, al que creo que veré en Mérida. Me va a alegrar mucho volver a veros.
Un beso fuerte.
Qué desesperado tiene que estar uno para agarrarse a una hipocondría como única tabla de salvación. Pero peor estaría si supiera que la hipocondría será la manera menos eficaz y más lenta de conseguir lo que pretende. Original planteamiento.
Muchísimas gracias, Edita. Sí, el protagonista está en un estado de desesperación importante. La soledad a veces hace cosas impensables. Gracias por tus palabras y por pasarte por aquí. Me alegra mucho que te parezca original.
Un abrazo fuerte.
¡Guau, querido Pablo!
Tu relato me parece maravilloso. Cómo consigues convertir la hipocondría de Matías en una historia sobre la soledad, la pérdida y las ganas de volver a sentir cerca aquello que ya no está.
Y ese final tan precioso. Porque de pronto entendemos que todas esas enfermedades son, en realidad, una manera de llenar el vacío que dejó Elena. Y ese «recuperará, al fin, todo lo que ha perdido» me parece sencillamente brutal y bellísimo.
Me ha encantado. Un abrazo , amigo bello.
¡Ay, Nuria, que pedazo de comentario me regalas! No sé ni qué decirte, pues has explicado a la perfección el estado que vive el protagonista.¡ Qué me alegra que te haya gustado! Mucho , mucho, Nuria bella.
Estos días playeros estoy disfrutando como un niño con tu Micromanía Melómana, acompañada de su banda sonora. Están resultando momentos preciosos.
Mil gracias por todo y cuánto me alegra saber que nos veremos en Mérida.
Besos miles.
Qué barbaridad. Qué manera de pasar de la extrañeza a la realidad más cruda, de la enfermedad ajena a la propia, de la compañía a la soledad, de que pareciera que estábamos ante una historia de humor, a cerrar con una ternura exquisita. Maravilloso, querido Pablo. Me ha encantado. Mucha suerte y un abrazo
Barbaridad tu comentario, Jesús. No sabes lo que agradezco cada una de tus palabras. Me alegra muchísimo que te guste, Y más si viene de alguien capaz de iluminar a los lectores con “Dos estrellas en el cielo”.
Creo que a ti también te veré en Mérida. Será un placer darte personalmente un abrazo. De momento recibe este que te envío por aquí.