Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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84.La pérdida (montesinadas)

Esa misma tarde dejó de comer. Los días siguientes se le empezó a caer el pelo y apenas si se movía. Apoltronado durante horas en su lado del sofá lanzaba profundos suspiros. La apatía y la falta de interés ante cualquier estímulo se convirtió en un comportamiento habitual. Y el llanto, no olvidemos el llanto, le creaba legañas, tan consistentes, que le producían heridas cuando intentaba quitárselas.

Algunas veces, en un pico de crisis se automutilaba a mordiscos o se enfrentaba a otros más grandes con un deseo evidente de dejarse atrapar por sus mordeduras. Tomó la costumbre de restregarse el lomo dejando emplastos de pelo y sangre en las paredes.

Al anochecer, siempre a la misma hora, se quedaba inmóvil ante la puerta con la pata levantada. Le abríamos y bajaba solo y mustio. Caminaba despacio, tambaleante y se detenía en la puerta de la funeraria donde orinaba invariablemente. Luego se dirigía a la playa arrastrando la correa de la que ya nadie tiraba y sentado en la arena miraba fijo al horizonte, como si esperara que los primeros soplos de viento de alta mar le trajeran el rastro de sus cenizas.

24 Respuestas

  1. Yolanda Nava Miguélez

    Como se clava esa correa de la que nadie tira.
    Las mascotas, esos fieles animales que guardan las ausencias como nadie
    Muy bueno.
    Suerte con él.

  2. Ángel Saiz Mora

    Como dice el dicho: «Cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro». Eso sí que es fidelidad. Si es cierto que son los mejores amigos, merecen ser protagonistas de un buen relato como éste.
    Un abrazo y suerte, Manuel

  3. Yo nunca he tenido perro, alguno callejero de los que me hice responsable en la infancia, pero de sobra es sabida la fidelidad de estos bichos que también nos reflejas en tu micro, en el que se aprecia, más bien se sufre, la pena del animal por la ausencia de su amo.
    Mucha suerte Monte!!
    Abrzsss!!

  4. David Moreno

    Ese llanto no olvidemos el llanto, ese orinar en la puerta de la funeraria invariablemente, esa correa sin nadie que la tire… Buenas imágenes, te hacen sentir la tristeza de este perrete…

    Suerte.

    Un saludo indio
    Mitakuye oyasin

  5. El protagonista de tu relato me ha recordado a Hachiko. Esperó a su dueño muerto hasta el fin de sus días. Pero lo has contado tan bien que duele imaginar la espera de su dueño frente al mar, siguiendo el rastro de sus cenizas.
    Un micro excelente, Manuel. Muchísima suerte.
    Besos apretados.

    1. Montesinadas

      Muchas gracias Pilar me ha gustado contarlo y parece que eso se ya transmitido, lo escribí desde dentro, cosas que salen así a golpe de pulmón. Abrazos y gracias

  6. Enrique Mochón Romera

    Crudo y bello relato, Manuel. Cualquiera que tenga o haya tenido perro sabrá la pureza de sus sentimientos y comprenderá perfectamente la actitud de tu personaje. Pienso que los animales entienden la muerte mejor que nosotros, y nada más doloroso que sufrir una perdida querida cuando se sabe que es definitiva. Enhorabuena y suerte con él. Un abrazo.

  7. Montesinadas

    Gracias Enrique, me pone mucho que túe digas cosas así, porque eres del grupo de mis preferidos que es Ribes cosas que me gustan mucho. Suerte para ti también. Abrazos

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