Antropía
Cansado de cabalgar la noche de garito en garito, destrozando mi vida entre copas y peleas, decidí dar el paso de la rectitud y la introspección ingresando en una orden monacal de lo más reputada.
Allí el caos me atacó de nuevo, descubriendo que la mayor parte de los hermanos dudaban de la existencia de un dios vigilante y organizador. Solo estaban metidos en aquello como modus vivendi, esquivando cuando podían las estrictas normas de la orden.
Comprendí así que el propio desorden es el motor de todo lo humano, agradecí la acogida de los monjes y me despedí de ellos para montar un puticlub en Barcelona y dedicarme al menudeo de drogas.
Desde entonces, mi vida va como la seda. Voy y vengo sin plan, tomo decisiones según el humor con el que me levante y meto mierda en todas las relaciones que puedo.
Gracias a esto recibo grandes halagos y soy fruto de admiración y respeto, lo cual me anima cada vez más a meterme en política.

