El despeinador de palabras
Dos amigos compiten desordenando palabras. «Soy Sergio, el que busca el RIESGO sin cesar». A lo que su compañero le responde: «Y yo, Mariano, un amante de la ARMONÍA». Con el tiempo, el mundo se ha vuelto gris, tenso y salpicado de guerras. El orden de las letras crea una neblina pesada en la que se desvanece cualquier ilusión. Mariano abandona el juego, pero a Sergio le apasiona de tal manera que, cuando tiene la oportunidad, se pone a ofrecer sus servicios en una modesta mesita a la entrada de un parque. Una mujer se acerca y le dice: «¡Cuánto ODIO hay en el mundo!» Sergio le contesta: «Agudice el OÍDO, ya verá cómo desaparece». Si un hombre le confiesa: «Estoy harto de tanta IRA», él le responde: «Contra la ira, RÍA». Llega un niño y le enseña con la mano abierta. «Mira, he encontrado una BALA». Entonces, Sergio le susurra: «Entiérrala al ALBA sin falta». Para quienes la ORDEN de MATAR les angustia, él les incita a que DOREN una TRAMA y que se salgan ya del cuento. Tras una semana, incluso los soldados enemigos acuden hasta la mesa del despeinador de palabras para obtener su sabio consejo.

