54. La experiencia suele ser un grado
Ayer mismo mi madre andaba en la cocina haciendo una tortilla de patatas y me volvió a preguntar: “¿Hija, es que no piensas aprender a cocinar nunca?”
Mi respuesta, como siempre: “Ya aprenderé mami, además hoy en día el YouTube te lo enseña todo”
Mi madre vuelve hoy de viaje y he decidido sorprenderla con una cena exquisita. Llevo media mañana indagando en internet una receta sofisticada para impresionar, pero hete aquí el primer obstáculo: habría sido conveniente haber estudiado un pequeño glosario de términos gastronómicos… ¿flambear, pochar, macerar…? Después de elegir la receta en cuestión, nivel fácil, me dispongo a realizar mi mise en place, todo ordenadito sobre la encimera; obviamente sustituyendo alguno de los ingredientes por otro porque lo de planificar la compra se me había olvidado.
Coloco mi Tablet y ¡madre mía! He pausado tantas veces el video que ya no sé por dónde voy, son las dos y la cocina es un desastre, hora de tomar decisiones drásticas: Voy al frigorífico y saco el tupper de lentejas que mamá dejó antes de irse, me saben a gloria bendita.
He encargado la cena a un restaurante tailandés, mamá tendrá: cena exótica, cocina relimpia y pinche disponible.


Como se suele decir: «El diablo está dn los detalles». No basta con intentar, y menos sin planificación, a última hora. Laa buenas intenciones no siempre son suficientes. El caso es que esa madre tendrá una buena cena.
Un abrazo y suerte, Ana
Y además un pinche a su disposición para empezar a aprender, tal vez la madurez comienza cuando ves tus errores y comprendes que la experiencia suele ser un grado. Gracias como siempre por comentar.
Un abrazo
Si, es preciso experimentarlo para que nos demos cuenta. Demasiado cómoda/o vive. Lo académico no es suficiente para vivir. Hay otros aprendizajes, que son más importantes y de las que nos olvidamos con frecuencia.
Efectivamente, no todo se aprende en los colegios y universidades, las bases educativas suelen asentarse en casa.
Gracias por tu comentario, Rosa un saludo
Pues así es, Ana. También yo creo que conviene aprender, al menos, algunas cosas que nos faciliten la supervivencia doméstica diaria, para no depender siempre de alguien que las haga por nosotr@s. Más sentido práctico y menos egoísmo. Un abrazo y suerte, guapa.
Intentar ser un poquito independiente siempre facilita la vida y aunque el desorden a veces puede ser incluso terapéutico, el orden es bastante necesario en más de una ocasión.
Gracias Puri por detenerte a comentar, un abrazo fuerte
Natural, realista, actual y muy cotidiano. Pocas familias se librarán de un personaje parecido.
Hoy para mucha gente Internet parece ser una fuente inagotable de sabiduría y se olvidan de lo más cercano, que está en su propia casa. Es bastante común.
Gracias por comentar Edita, un saludo.
La intención es lo que cuenta. Seguro que ha aprendido de sus errores y a la próxima ocasión prepara una buena cena a su madre!
Un abrazo y suerte.
Seguro que está en el camino de madurar y reconocer que con la ayuda de su madre va a ser más fácil y lo de menos será la receta .
Gracias Rosalía por tu comentario y un abrazo enorme
Las buenas intenciones a veces nos tienden una emboscada.
El agobio nos ofrece una salida digna.
A madre no se lo contará.
Mucha suerte, Ana.
Seguro que no se lo contará pero su actitud posterior va a encantar a su madre.
Gracias por comentar Miguel Angel, un saludo
Nadie nace enseñado, por mucho que YouTube (o una madre) ayude. Y, a pesar de todo, el caos puede llegar a la vida en cualquier momento. La experiencia lo minimiza, pero siempre está acechando. Real. Relato de vida. Genial. Suerte y abrazote, Ana. (¡Y que vivan las lentejas!)
Olé los guisos familiares! Un poquito de caos a veces viene bien , la vida sería muy aburrida toda ordenadita no?
Gracias por tu comentario, un abrazo enorme. 🙂
Las cosas no suelen ser tan fáciles como parecen… Si le hace un poco de pinche, la madre estará contenta y ella aprenderá más rápido que con youtube.
Un saludo!
Carme.