53. La sorpresa
En la ciudad reinaba el desorden: los semáforos discutían entre sí, los relojes mentían y los vecinos hablaban todos a la vez. Así que me marché al campo en busca de paz para el espíritu.
Tardé en encontrarla, pero al final apareció. Con ella llegó también un oficio inesperado: me hice agricultora.
Un día recogí semillas de calabaza y las sembré. Regué la tierra y esperé pacientemente, confiando en la lógica tranquila de la naturaleza. Pero cuando llegó el momento de la cosecha, en lugar de calabazas habían crecido tomates.
Desde entonces, mi vida empezó a torcerse.
Ahora, puedo estar aquí y allá al mismo tiempo. Si busco el azúcar, aparece en la lata de galletas que pone «Café». Me compro un vestido azul y al día siguiente es rojo. Salgo a buscar setas y vuelvo con una cigüeña. Pongo una trampa para ratones y atrapo a la luna llena.
Con el tiempo me he acostumbrado a vivir en este embrollo, pero esta mañana algo inesperado me ha ocurrido: no sé cómo explicarle quién es el hombre que ha amanecido en mi cama… al marido que no tengo.


Cuando el desorden aparece impone su ley y nadie puede escapar de él, ni huyendo al campo, tampoco intentando una vida en solitario.
Un relato lleno de imaginativas y divertidas situaciones.
Un saludo y suerte, Cecilia
Efectivamente! El desorden es lo que tiene!
Muchísimas gracias Ángel por pasarte y comentar.
Un abrazo!
Gracias a la imaginación y a la creatividad estupendas, incluso el caos más absoluto parece hermoso, como es el caso.
Muchísimas gracias Edita!
Hermoso me ha resultado a mí tu comentario.
¡Un saludo!
Cecilia, ese desorden es mágico, y el final es redondo. Ah, y lo de atrapar la luna llena en una trampa para ratones me ha atrapado a mi también.
Un abrazo y suerte.
Muchísimas gracias, Rosalía por pasarte y dejar este comentario tan generoso!
¡Un abrazo!
Desde luego el título es perfecto porque la sorpresa nos espera a la vuelta de cada una de tus frases tan imaginativas y nos introduces en ese mundo desordenadamente poético.
Un abrazo
Muchísimas gracias, Gema por pasarte y comentar!
Un placer recibir este comentario.
¡Un abrazo!
Cecilia, el mundo cuántico es así.
Hay que salirse de la razón para entender este mundo loco.
Me ha encantado la razón de la sin razón y tu surrealismo mágico.
Mucha suerte, Cecilia.
Muchísimas gracias, Miguel Ángel por tu comentario!
Coincido contigo: hace falta un punto de locura para mantenerse «cuerdo» en este mundo loco.
¡Un abrazo!
Me ha encantado este desorden, muy original y divertido, y con un final de diez. Enhorabuena!
Muchísimas gracias, Sara! Una alegría pasar y tener tu comentario!
Un saludo!
Un desorden urbano del que escapar, un desorden mágico al que llegar. En el universo, el caos nos acecha con sus normas y leyes. Difícil huir de él. Delicioso texto, con esos toques mágicos. Un abrazo, Cecilia, y suerte.
Muchísimas gracias, Rafa!
Tal cual lo dices: difícil huir del desorden.
En este caso, la compensación es que te hayas pasado a dejar un comentario.
Un abrazo!