86. EL NUEVO DESORDEN MUNDIAL
Hacía tiempo que venían avisando de que el orden mundial iba a cambiar. El primero en comprobarlo fue el aritmético Paul Distopio, que en sueños trazó unas líneas paralelas y comprobó que, contraviniendo la norma y la costumbre, proyectadas al infinito se acababan cruzando. Asustado, lo comunicó a las autoridades, pero era demasiado tarde: los políticos ya estaban persiguiendo delitos, los jueces se dedicaban a dictar leyes y los periodistas daban noticias que aún no habían ocurrido.
Las ciudades se quedaron vacías y los pueblos se llenaron de gente que huía de incendios que helaban todo a su paso. Los gallos cantaban durante la noche y la Tierra empezó a orbitar alrededor de la Luna. Las palabras comenzaron a “su significado y orden cambiar”; las agujas de los relojes repentinamente se pusieron a girar en sentido antihorario.
La gente dejó de hablar por la dificultad para comunicarse y solo emitían extraños sonidos guturales desde oscuras cavernas.
La fuerza volvió a sustituir al razonamiento, y los libros se usaban como armas arrojadizas; cuanto más gordos, más letales.
Cuando Paul Distopio despertó de aquel terrible sueño, la intersección de las líneas paralelas seguía allí, igual que el dinosaurio.

