SOY CUESTALERA (Rosa Gómez)
Nací en una familia cofrade. Aunque de pequeña desfilé de nazarena, quería algo más duro. Cuando alcancé la edad necesaria, enredé a las mujeres de la hermandad para que apoyaran mi candidatura a un puesto en la cuadrilla de porteadores. El Hermano Mayor lo desaprobaba más por ser mujer que por mi fragilidad manifiesta. Pero cedió ante la presión. Ocupé un puesto irrelevante y decidieron ignorarme. Aprendí los rudimentos del oficio sin faltar a ningún ensayo. Llegó el gran día y la procesión discurrió sin contratiempos, hasta que un obstáculo inesperado, situado por debajo del palio, frenó la marcha. El capataz enmudeció. Ante la inacción, tomé el mando. Grité en dos tiempos para que todos nos arrodilláramos. Luego, nos arrastramos para superar el estorbo. Y con otro grito a la voz de «¡arriba!», reanudamos el paso entre el aplauso contenido del público.
Hoy soy capitana de un barco mercante. Es lo mismo, pero más grande.


Una mujer valiente, con las cosas claras, sin temor a los retos y, sobre todo, a los obstáculos impuestos de forma artificial, pero no por ello menos reales. Una heroína de nuestro tiempo. Si ser capitana de un mercante, en un mundo mayoritariamente masculino, ya debe de ser complejo, no lo ha de ser menos ser costalera. «Cuestelera», puede deducirse, viene de la dificultad de tenerlo todo cuesta arriba por razones injustas, cuando se supone que todos somos iguales.
Un abrazo y suerte, Rosa
Si, cuestalera por los cuatro costados. La mujer tiene que esforzarse más, es su sino.
Gracias Angel como siempre.
Hola, Rosa.
Bravo por este personaje épico. Qué se rompan por fin todos los techos de cristal que existan.
Espero que estés muy bien. Aprovecho para enviarte un cálido abrazo.
Más o menos como tu Palominoman, aunque en femenino.
Otro abrazo para ti, Angel. Seguimos en el tajo.