51. La confesión (Aurora Rapún)
Salió de la comisaría limpiándose los lagrimones. ¿Iría al infierno, a la cárcel?
Moño, chaqueta de punto, falda de cuadros, zapatos de tacón bajo. Jamás se hubiera imaginado a sí misma en un lugar como ese. La Policía, ¡por todos los santos! De dónde había sacado la valentía para contarlo era algo que solo Dios podía explicar. Él era como su propio padre. Mejor incluso, más presente. Un hombro en el que llorar, alguien en quien confiar. Años hacía que lo intuía, pero jamás imaginó que pecaba. Un hombre tan bueno solo podía hacer cosas buenas. Hasta que la oyó sollozar. A la pequeña. Tan bonita, tan temblorosa. ¿Había sido una desagradecida o lo había salvado concediéndole la oportunidad de arrepentirse? Siempre invisible, como una sombra. Limpiando hasta en los rincones más oscuros, oculta a los ojos de todos menos a los de Dios.
No regresó a la iglesia hasta que todo hubo acabado, hasta que las luces se hubieron alejado, hasta que no quedó nadie más. Se arrodilló y rezó. Anhelaba de todo corazón su perdón. Él, todopoderoso, sabría reconocer lo bueno que, estaba segura, todavía quedaba en él.


Hay hechos terribles a nivel humano, pero más lo son todavía cuando están cubiertos de hipocresía. A los lobos con piel de cordero hay que ponerles en evidencia tanto o aún más que a los que se les ve venir, porque se aprovechan de su condición, porque hacen lo contrario de lo que predican. Tu protagonista hizo lo correcto, su corazón ya ha empezado a decírselo y el tiempo lo confirmará, fácil no ha sido, el muro de protección de esa mala persona era enorme pero ha conseguido reunir el coraje necesario para romper y hacer lo debido.
Un abrazo y suerte, Aurora