Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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59. Highway to hell

Le tomaron juramento y se dispuso a relatar de nuevo su versión de los hechos. Recordó aquella calurosa mañana. El termómetro del viejo Ford Fiesta marcaba más de cuarenta grados a las diez y media. Ni se molestó en conectar el aire acondicionado, estropeado como tantas cosas en un cacharro que pocas veces lograba superar la Inspección Técnica de Vehículos.

Se detuvo tras un abuelo al que deberían haber retirado su permiso de conducir hace décadas, mientras que el copiloto del BMW situado a su izquierda le dedicaba todo su repertorio de muecas obscenas y cortes de mangas. Poco más que añadir. Intentó aparcar en el arcén para alejarse a pie del atasco y entonces recibió el impacto del descapotable de unos niñatos que le alcanzaron por detrás.

El juez le apremió impaciente a responder si se declaraba o no culpable. Él musitó cabizbajo que solo regresaba del centro comercial, después de comprar el cuchillo de cocina que le había encargado su mujer.

4 Responses

  1. Ángel Saiz Mora

    Ese cuchillo puede que saliera despedido de forma accidental, movido por las leyes de la física, o dirigido por tu protagonista. El calor, unido a la tensión de la conducción que vuelve violenta a la gente, pueden haberse sumado para agotar esa paciencia, en una «autopista al infierno» de difícil salida. Solo la propia culpa, si es el caso, denotaría que es culpable (valga la redundancia), pero eso solo él puede sentirlo y saberlo; los demás, al igual que el juez, solo podemos darlo por hecho, o permitir que prevalezca el beneficio de la duda, al tiempo de preguntarnos cómo habríamos actuado en las mismas circunstancias.
    Un abrazo y suerte, Jero, con este relato potente y para la reflexión.

  2. Jerónimo Hernández

    Muchas gracias por tus palabras Ángel! Y que no nos falte la calma y el sosiego para sobrellevar esta vida tan estresante. Un gran abrazo y mucha suerte

  3. Ay madre! Uno piensa que el tema es el accidente de tráfico hasta que llega esa demoledora frase final y ese cuchillo que, como bien dice Ángel, no sabemos qué ha pasado con él aunque nos podemos imaginar lo peor. Inquietante elipsis.
    Un abrazo, Jero.

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