92. Derrocados
Desaparecieron con el coraje de no dejar siquiera una nota de despedida. De repente, nadie se arrodilló a pulir los suelos de mármol, nadie nos sirvió caviar bañado en champán, nadie cambió los pañales a los niños ni a los abuelos. Nadie planchó las sábanas de seda ni recogió la hojarasca de los jardines. Nadie limpió de insectos la piscina, ni el polvo acumulado sobre las maderas nobles y las cómodas estilo rococó. Y lo peor, no había servidumbre a quien dar órdenes o insultar por llevar la cofia torcida.
En pocos días hemos perdido arrogancia, nuestro caminar altivo tropieza con estúpidos pasos vacilantes. Alguien tendrá que limpiar los baños.

