92. Derrocados
Desaparecieron con el coraje de no dejar siquiera una nota de despedida. De repente, nadie se arrodilló a pulir los suelos de mármol, nadie nos sirvió caviar bañado en champán, nadie cambió los pañales a los niños ni a los abuelos. Nadie planchó las sábanas de seda ni recogió la hojarasca de los jardines. Nadie limpió de insectos la piscina, ni el polvo acumulado sobre las maderas nobles y las cómodas estilo rococó. Y lo peor, no había servidumbre a quien dar órdenes o insultar por llevar la cofia torcida.
En pocos días hemos perdido arrogancia, nuestro caminar altivo tropieza con estúpidos pasos vacilantes. Alguien tendrá que limpiar los baños.


A veces, lo revolucionario es dejar de hacer algo, simplemente. Quien no hace nada y, además, no aprecia el trabajo ajeno, solo entonces puede darse cuenta de que hay otra realidad diferente a la de la vida regalada.
Un relato de clases sociales, privilegios, y el coraje de poner negro sobre blanco.
Un abrazo y suerte, Elena
Gracias por tus comentarios Ángel, un abrazo y suerte para ti también.
Jajajaja, jajajaja, solo puedo decir ¡Ojalá! Me imagino el desamparo y la angustia que sentirían si tuvieran que limpiar su propia suciedad y encargarse de las tareas cotidianas, duras y tediosas de la vida.
Una estupenda distopia.
Un abrazo
Gracias Gema, a mí me encantaría ver a los reyes y esas familias de grandes títulos limpiando sus baños y sus miserias. Sería maravilloso. Gracias por tu comentario. Abrazos para ti también.
Elena, este tipo coraje sí que tiene el poder de cambiar el mundo, porque los desposeídos son muchos más que los privilegiados.
Me gustaría verles la cara a Pilucas y Cayetanos mientras limpian el baño…
Un abrazo y suerte.
Hola Rosalía, ojalá fuera así, decían que era un 1% el que poseía la riqueza del restante 99%, pero parece que ese 99% seguimos dormidos y ese 1% es cada vez más reducido y acumula mayor poder. Y sí, esas caras de Pilucas y Cayetanos habría que grabarlas… Un abrazo y suerte para ti también.
En mi pueblo había algunas familias que en una época de bonanza tuvieron “criadas”. La gente, tras perder esos privilegios, hacían burlas de ellos, más bien ellas, porque eran incapaces para llevar sus casas. Está claro que las dificultades provocan que espabilemos.
Hola Rosa, muy cierto sí, las dificultades son jodidas pero abren ojos y despiertan inteligencias. Un abrazo y suerte.