7. Viaje a Ipsum
El dardo viajero evadió el mapamundi estrallándose en un desollón, virando el destino. ¿Cómo discernir, percibir y sentir la verdad? si solo se modelan y construyen similitudes.
Se acuna con su mantra: “Om tare tuttare ture soha” para permutar y capturar una especial travesía, un vuelo con destino a Ipsum. Allí, los espacios visitables son las luminosas erudiciones, las idóneas pericias y las serenas mágicas, donde desertar de frustraciones y centrarse en otras elucubraciones más gratificantes.
Liberados, exentos y soberanos, somos mundanos sometidos a nuevas devociones y adhesiones que deambulan por nuestros lares. Hay días que, sin saber porque, se obvian las circunstancias adversas y una se centra en lo importante. Actúa como es, y hace que los instantes sean más preciados.
Sumergirse en el humo, atraer los mejores sueños, acomodarnos en ciclos y deambular por los mejores viajes. Urdir mi equipaje con afectos y ternuras y no temer sombras en mi frente tosca, pues solo surten líricos laureles del desván de mi memoria. Tomar decisiones, ser el auriga de mi vida y así hallar mi paz… vengan desafíos que me eleven.
Ya todo es perfecto, nadie a quién anhelar, nada hay que actuar… nuestra esencia hasta la eternidad.
In memoriam, Lara


El el viaje hacia uno mismo es la más difícil y fascinante de las travesías. Nos pasamos la existencia dejándonos «contaminar» por circunstancias externas, sin centrarnos en «lo importante». Llegar a ese estado que se describe en tu texto debe de ser una sensación liberadora envidiable. Se suele afirmar que las cosas son más complicadas de hacer que de decir; en el caso de tu relato, el mérito es haberlo sabido escribir. Un verdadero manual de buenas prácticas para un objetivo razonable.
Un abrazo y suerte, Sonsoles.