Una semilla quizás (Luisa Hurtado)
Lo recuerda perfectamente, fue al poco de llegar al Departamento de Registro (Ministerio de la Verdad). Su trabajo era rutinario: recibía noticias de prensa del pasado por el tubo neumático receptor; las alteraba, falsificaba y corregía para que coincidiese con aquello que afirmaba el Partido o el Gran Hermano; y enviaba las nuevas versiones por el tubo emisor, al tiempo que los originales desaparecían por Agujero de la Memoria para su destrucción definitiva. Aquellos textos antiguos, lo sabía, estaban llenos de trampas, de un sinnúmero de palabras, desaparecidas, subjetivas, con adjetivos inútiles y adverbios llenos de matices que ya no tenían cabida; y él tenía que ser extremadamente cuidadoso. Sin embargo ese día leyó y destruyó, junto con otras, la palabra “imaginación” pero esta, justo esta, se quedó fija en su memoria y la telepantalla, eso quiere creer, hasta ahí no llega.

