73. La guerra: ese juego mundial
Tercera:
El rey del planeta maneja la bola del mundo: la hace girar más y más deprisa, a veces la saca de su guía y siempre la patea. Cada vez queda menos aire.
Segunda:
La idea de honor sin muerte y victoria sin ruina caló profundamente en la sociedad durante mucho tiempo. Así, los soldados se convirtieron en nuevos reyes; estos multiplicaron sus riquezas y la población obtuvo su dosis de gloria y sangre.
Primera:
Los generales deseaban luchar y auguraban victoria; los contables garantizaban reservas para sufragar los gastos; incluso el pueblo se había contagiado del odio y clamaba venganza. Solo Melius, el más anciano y sabio de los consejeros, permanecía callado. El rey le instó a que opinara.
—La única forma de ganar una guerra es que esta no exista.
—Pero los asaltos en la frontera son continuos —clamaron los militares.
—Y los costes asociados van en aumento —apostillaron los ministros.
—Y el pueblo necesita resarcirse —añadió el soberano.
—Invitemos a todos los reinos; os prometo combates, ingresos y revancha —sonrió Melius mientras observaba por el ventanal a unos niños, en el patio de armas, correr tras una pelota.


Realmente erudito este sabio Melius. Él sabe lo que es mejor. No debe ser casualidad que su nomre signifique «mejor» en latín, porque mejor es organizar un mundial para tener a la población entretenida, que una contienda cruenta en la que nadie gana. La verdad es que, si se piensa, el fútbol contiene elementos que apasionan y fascinan al ser humano, solo que en modo de juego, simulacros de batallas con sus estrategias, en los que dos grupos, con sus representantes y seguidores, se enfrentan con ardor y pasión, dan rienda suelta a su vehemencia. Los ingresos no son pequeños, y una victoria sirve para alimentar una revancha posterior, como en un bucle infinito. A veces, lo más cotidiano e integrado es lo más imaginativo. Ya decían los romanos lo de «pan y circo».
Un abrazo y suerte, Mel