89. EVITAR CASTIGOS
Un balonazo redujo a pedazos el jarrón favorito de su madre. Al verla entrar furiosa, Leo, de siete años, activó su imaginación: —¡Mamá, nos salvé! Un duende del polvo gigante atacó el sofá, le lancé mi esfera de energía y el jarrón se sacrificó. Ella sonrió ante la película de ciencia ficción y limpiaron juntos.
Al día siguiente, llegó tarde al colegio. Su maestra lo esperó muy seria en la puerta. Leo argumentó: —Profesora, unos astronautas invisibles aterrizaron en mi tejado; aspiraron los relojes y les ayudé a recoger los minutos con una red de mariposas. La maestra sorprendida contuvo la risa: —Pasa, astronauta, antes de que el tiempo escape.
Por la noche llegó el brócoli. Leo tomó el tenedor y anunció: —Este bosque de árboles alienígenas planea invadir mi estómago. Como guardián de la Tierra, debo eliminarlos. Ante la risa cómplice de sus padres, Leo fue lanzando los árboles al cubo de la basura. Su padre, asombrado por el ingenio, puso la pizza preferida de Leo en el horno.


El muchacho será poco disciplinado, pero imaginativo, lo es un rato. Tiene el don de ganarse a cualquiera con su simpática inventiva. Puede que no siempre le salga bien, pero muchas veces, sí, estas tres situaciones cotidianas lo dejan claro. Tendrá futuro en el mundo de la creación.
Un relato muy divertido, Pablo.
Un abrazo grande y suerte
El muchacho tiene futuro como inventor de historias. Habrá que irle haciendo un hueco por aquí…
Ese chico promete. Jajajaja