88. Love me tender
Estaba muy cerca, casi podía tocarle. Aún abotargado y crepuscular seguía siendo el rey. En su mirada vi el desamparo de los juguetes rotos. Tenía manchas de nicotina en sus dedos gordezuelos llenos de anillos. Había cambiado sus clásicos mocasines blancos por unas ajadas deportivas. A su alrededor el aire tenía una densidad nueva, un tabique invisible que aseguraba su inaccesibilidad. Con los primeros acordes empezamos a movernos, como si una fuerza desconocida nos empujara en la dirección que él quería. Su voz tenía la cadencia hipnótica de los cantos de los esclavos. Unas paradas después dio por terminada la audiencia. Nos bendijo como un papa con chorreras y pantalones de campana y supimos que no volveríamos a verlo.
Me acerqué y me dio un beso tenue que sabía a malvaviscos y Pepsi Cola.
Gracias Elvis – le dije. Me miró confundido. Me dijo que se llamaba Washington, tocaba en el metro para sacar plata para su madre enferma allá en Cuzco. Entonces entendí. El acoso de la prensa y las fans, las giras interminables. Le hice un gesto de complicidad llevándome un dedo a los labios. Conmigo su secreto estaba a salvo.


Alguien que intenta parecwrse a alguien, solo necesita una imaginación ajena para convertirse en ese personaje, con una historia imaginativa alrededor sobre autoexilio y ocultamiento de identidad.
Un abrazo y suerte, Lucas
Una prueba más de que la inmortalidad existe. Por lo menos en la imaginación.
Un Elvis muy convincente, pero me creo más la realidad que el cuenta. Los fans suelen ser algo fantásticos.
Oye, si con un poco de imaginación consigues que tus ídolos sigan vivos, bienvenidos sea. El sueño de cualquier fan.
un abrazo y suerte.