03. Posesiones
¿Acaso soy yo el que habita la casa o, por el contrario, es ella la que me habita a mí?
No es un pensamiento gratuito porque todo ha cambiado desde entonces. Las piernas flaquean y los cimientos oscilan. ¡Que aparatosidad para decir que ya no soy el mismo! De hecho, ni siquiera estoy aquí.
Encontré una puerta, una diminuta, sencilla y escondida puerta que atravesé sin pensar. ¿Sabes cuando le das la vuelta a una prenda para meterla en la lavadora?
Mi envés es complicado. Tiene manías de viejo y tonterías de niño. A veces logro encontrarme en un término medio, pero enseguida aparecen las grietas. Si miro muy fijamente un punto fijo, logro volver al estado natural y traspasar el espejo.
Jamás invito a nadie a merendar.
Tenía que haber desconfiado de ese precio tan económico, pero el sentimiento fue mucho más allá. En el momento de visitarla, ya me estaba poseyendo.
He perdido familia y amistades.
He ganado huecos por rellenar.
Reflexiono todas estas cosas mientras me rasco una teja y eructo corrientes, incapaz, por otro lado, de identificar el humo de las orejas.


Susana, he estado esperando que se abrieran tus comentarios porque me ha gustado mucho este micro e en el que un humano se transforma en casa, o la casa lo posee /o lo abduce.
Genial!
Magnífico, Susana
Susana: surrealismo trágico. Me ha gustado mucho saber que algún día podré ser casa y albergar a…. ya se verá. Enhorabuena y suerte.
Ríete de la posesión demoníaca que se me ha ocurrido a mí, esta mucho más original y surrealista. Con tan solo la frase final, no hay más remedio que quitarse el sombrero.
Uno puede llegar a identificarse mucho con su casa, con sus paredes, con los objetos con que ha transcurrido su vida, pero esto es ya el sumun. Todo un logro, ese relato que no desvela su misterio hasta el final. Saludos y suerte.
Original y desconcertante. Bravo, Susana! Suerte con esta propuesta 🤗