32. Ahora es mío
Sabía que no era mío. Aun así, aprendí a quererlo. Me había cambiado la vida… No, me la había dado. Apenas sentí sus primeros latidos, supe que siempre existe una esperanza. Hoy, tras millones de latidos, es más mío que nunca. Incluso más que el día en que me hicieron el trasplante de corazón.


Todo es versátil, incluso un órgano, que a fuerza de latir termina perteneciendo a su receptor.
Muy acertado.