32. Ahora es mío
Sabía que no era mío. Aun así, aprendí a quererlo. Me había cambiado la vida… No, me la había dado. Apenas sentí sus primeros latidos, supe que siempre existe una esperanza. Hoy, tras millones de latidos, es más mío que nunca. Incluso más que el día en que me hicieron el trasplante de corazón.


Todo es versátil, incluso un órgano, que a fuerza de latir termina perteneciendo a su receptor.
Muy acertado.
En tan pocas palabras y hasta te da tiempo a crear cierto suspense. Buena apuesta, Begoña, un abrazo.
Parecía que era un bebé. Y sí, como si lo fuera.
Que bien encaja esa posesión….Un micro bien claro y estupendamente narrado.
Suerte, Begoña
Ese órgano que perteneció a otra persona, ha cambiado de dueño y de pertenencia, haciendo un gran servicio.
Una historia humana e intensa con las palabraa justas y sin revelar el sesenlace hasta el final.
Un abrazo y suerte, Begoña
Cuánta razón en tu relato: ese corazón no es suyo, pero a fuerza de latir en su pecho acaba siéndolo.
Me gusta mucho el fondo, y también la forma en que nos mantienes en vilo esperando saber qué es suyo.
Un abrazo y suerte.
Breve y certero. Sin falsas promesas, te conduce hacia un desenlace inesperado. Muy bueno.
Un abrazo, Begoña
Yo al principio pensaba en un bebé. Me has tenido en un tris, con el corazón en unnpuño, jeje.
Enhorabuena y suerteee
Un muy buen ejemplo de pertenencia. Suscita reflexiones ¿Que nos pertenece realmente? Ni siquiera un órgano del cuerpo. Si fuéramos tan generosos con otras cosas como lo somos donando el mundo sería mejor.
Un abrazo
Es curioso la nueva relación que se establece con el órgano trasplantado. Relación de conciencia que nunca existió con el órgano de origen. Yo no tengo relación con mi brazo derecho, pero si algún día me le trasplantan, me acordaré de él o no, pero con el nuevo órgano seguro que nos «enamoramos» y nos decimos cosas.
Begoña, la tensión narrativa es excelente. In crescendo. Hasta el genial final.
Enhorabuena