68. Despertar
Se despereza. Ha dormido como nunca. Se siente nuevo, descansado. Bosteza, entreabre los ojos y se gira. No hay despertador, tampoco mesita ni colchón, solo nota bajo su cuerpo un suelo terroso. Se frota los ojos y se incorpora. No tiene sillas o armarios; ni una pared, ni un techo. No existe una casa. Anda unos pasos. Le golpea el viento y se le clavan las piedrecitas en los pies. No lleva zapatos, ni cartera, ni dinero, ni un pijama. Está desnudo y tiene sed. Tampoco reconoce el lugar: plantas, animales, ruidos extraños. No entiende nada. Se acurruca, se abraza con fuerza y nota un ligero vacío donde antes había una costilla.


Anda, qué bueno ese final. Cómo has jugado con la extrañeza, con que deseemos saber dónde está y quién es el protagonista de la historia, y todo se desvela como en los buenos microrrelatos, en esos que sabes escribir tan bien: en la última palabra. Maravilloso, maestro. Mucha suerte, enhorabuena y un abrazo
Al principio no había ninguna construcción humana ni utensilio alguno, eso fue después; al primer hombre, en sus inicios, no le había dado tiempo a fabricar nada, ni a rodearse de objetos, simplemente pertenecía a esa creación en la que se.encontraba. y, ya se sabe, no era bueno que estuviera solo. Hasta ahí todo bien. Lástima de serpiente, manzana y tentación.
Una reescritura con maestría del origen humano.
Un abrazo y suerte, Rafa
¡Qué bien traído, Rafael! Enhorabuena y mucha suerte.