21. El albacea
Maurits Cornelis se pasó sus últimos años proyectando planos de lugares imaginarios. «Para cuando te extravíes», solía decir.
Se apagó una madrugada cualquiera, de la misma manera que se pierde un camino bajo la niebla. Entre la plétora de sus creaciones encontré un puñado de mapas: calles sin bautizar, afluentes que no llegaban a desaguar, pintorescas poblaciones coronadas con un interrogante…
Los conservo todos. No sé si son fruto del delirio de un ser abismado en su propio arte o valiosas instrucciones que aún no comprendo.
A veces, me pongo a prueba. Despliego uno al azar y empiezo a caminar, tan solo para ver adónde no me lleva.


Mapas de lugares imaginarios. Maravillosa idea aunque a quienes intenten buscarlos nos les lleve a ningún sitio. O ¿quién sabe?
Un saludo
Como albacea deberá identificar los bienes del testador. Con tanto plano imaginario no lo va a tener fácil. Será todo incertidumbre. Enhorabuena Javier. Un relato muy incierto.
“tan solo para ver adónde no me lleva.” Me encanta ese final.
Qué otra cosa es la vida sino un camino que no sabemos cuantas bifurcaciones, remansos y obstáculos puede tener, como también desconocemos donde nos lleva. Esos mapas heredados no hacen sino confirmar las incertidumbres de toda existencia.
Un saludo y suerte, Javier