22. CADA AÑO UNO
Por San Ginés, el pueblo espera impaciente. En las casas permanece la lumbre encendida. A los niños se les permite jugar y quedarse despiertos unas horas más, pero siempre dentro. Nadie se atreve a salir esa noche. Nunca se sabe quién será el que regrese.
Durante el día se escuchan comentarios en los corrillos de la plaza:
—Que no sea Sebastián, al que colgaron hace dos años por matar a la Marieta.
—Esperemos que el turno no le haya llegado a Engracia, que fue mala mujer hasta para morirse.
Y así van repasando, uno a uno, todos los muertos del pueblo.
Pasadas las doce, entre asustados y curiosos, se asoman a las ventanas por ver si el revivido llega. Esa noche, la figura de una mujer avanzaba despacio por el camino del río. Al alcanzar la casa de Antonia, la huevera, rodeó la fachada y se metió por el gallinero.
En la casa de al lado, extrañados, comentaron la aparición.
—Pues va a ser que la ausencia de Antonia no era porque hubiera abandonado al canalla de su marido.


Me gusta el tono arcaico de la historia contrastando con el final, buenísimo, que nos enlaza con una actualidad demasiado repetida.
La incertidumbre de desconocer quién aparecerá esa noche, y las certezas que se abren paso, eliminando interrogantes, con una aparición concreta.
Un abrazo y suerte, Begoña
Curiosa historia la de este pueblo que acoge cada año un muerto. Y queda claro que en aquellas épocas, no tan lejanas, se culpaba siempre a la mujer de su propia desaparición.
Yo que ella no hubiera vuelto con ese lobo, salvo para embocarlo al sitio de donde ella venía.
Es un decir.
Entiendo que Antonia ha vuelto para llevarse al marido al otro barrio. Aunque se ha haya quedado en casa para evitar a la muerte
Un abrazo y suerte.
Una idea ingeniosa muy bien desarrollada con aroma a ese buen realismo mágico. Se lee con el interés «in crescendo» para llegar a un final que lo deja bien rematado.
Me gustó.
Muchas gracias por vuestros comentarios.
Begoña, me ha gustado mucho tu texto. Esa mezcla del más allá y del más acá del realismo mágico que uno los dos mundos en fechas señaladas. Todo el pueblo esperando a ver quién se aparece por San Ginés. Y este año se llevan sorpresa doble al descubrir lo que le había pasado a la pobre Antonia. Un abrazo fuerte y mucha suerte.
Antonia había abandonado a sus gallinas ponedoras. Y a ellas volvía. Incertidumbre sí tiene el relato. Enhorabuena, Begoña.