35. Experto en lenguas amazónicas
João, nuestro intérprete, vuelve a girarse hacia nosotros, aunque incapaz esta vez de mantenernos la mirada. Le tiemblan los labios y, más que hablar, balbucea:
—Dice que el gallo anciano ni canta ni come grano, o que, si guardas demasiado grano, para mayo estará vano. No estoy seguro.
Tiene la cara sudorosa y llena de picotazos, y sus ojillos suplican comprensión tras las gafas empañadas. Yo le muestro una contenida perplejidad —como cuando ha explicado que nuestro interlocutor elogiaba la Bauhaus—, y él agacha la cabeza. Plantado mientras tanto ante su cabaña, Raoni, único integrante de su tribu, espera digno e impasible más preguntas. Se trata de una costosa expedición, al corazón de la selva, y podría quedar deslucida por un currículum hinchado. Repaso mis anotaciones y, llenándome de paciencia, ofrezco un pañuelo a João. La tarde cambia de repente. El aire se espesa, y oscurece deprisa. Algunos monos empiezan a aullar en los árboles, mientras otros, que gritaban, se callan.
—A esto le llaman crepúsculo amazónico —apunta João.
—¿Podría llover? —le pregunta el cámara, y él responde encogiéndose de hombros.
Parece más tranquilo. Me acerco a él.
—Oye —le susurro—, ¿por qué no haces como Raoni, y finges entender?


Al pobre experto le faltan unas lecciones de fingimiento profesional para estar a la altura de las circunstancias. El final, estupendo.
Este «experto» parece más un fraude. A pesar de sus propias dudas, puede que aún crea posible que cuaje su engaño, aunque todo es un teatro y un fingimiento: el entrevistado no sabe qué le preguntan, el entrevistador no sabe qué le responde, y el que toma notas intenta que estas parezcan una crónica cierta, para contentar a quien ha financiado esa pantomima.
Un triángulo de personajes falsarios, cada cual en su papel, con la incertidumbre de sí parecerá creíble que un indígena sin formación intelectual, a quien nadie entiende, conozca la escuela Bauhaus.
Hay mucha originalidad y trabajo en tu relato, Enrique, que espero haber interpretado sin mucho desacierto.
Un abrazo y suerte
El relato se puede visualizar muy bien. Es como un documental de la 2, pero imaginado.