36. Por si acaso (Rosa Gómez)
Al principio fueron las nubes. Caían en forma de girones, pero no se deshacían en agua. Agotadas, vimos que el cielo lucía como pintura cuarteada. Después la bóveda celeste se desprendió a trozos. Las autoridades pidieron que buscáramos refugio. Pese a todo, muchos murieron.
Ya ha cesado la lluvia, nos ha quedado un cielo negro, sin luna ni estrellas. El día ha desaparecido. Los gobiernos aconsejan empaquetar nuestros enseres, hacer testamento y apuntarnos a cursillos acelerados de religión.
No es cuestión de que nos pille desprevenidos.

