Plot twist
En la sala de espera, un aire espeso se cuela por las rendijas de los ventanales, camina por las rayas de colores dibujadas en el suelo para orientarse y se convierte en un mar de nubes amenazantes bajo sus pies inquietos. Gotas de sudor inoportuno recorren su cara y la fuerzan a secarse con un pañuelo que le ofrece, con cariño, su marido.
—Son los nervios—le susurra para justificarse mientras se pregunta por qué tardarán tanto. Ya ha sacrificado sus pechos, el tratamiento ha debilitado sus brazos y, todavía, usa peluca. Temerosa de volver a enfrentar la fatiga y las náuseas, aguarda los resultados y ruega al cielo que la conceda más tiempo y la permita conocer a ese niño que crece en el vientre de su hija.
—María Grandes—llaman.
Y entra en la consulta y se enfrenta al rostro grave del oncólogo que revisa su última analítica. Aunque tiembla, lo mira con firmeza, dispuesta a recordarle que hizo testamento vital… Pero, inesperadamente, el argumento se subleva y, contra todo pronóstico, el narrador de la historia resuelve darle un poco de esperanza.
—Todo en orden, María —pronuncia el médico disimulando su asombro. Nos vemos en la próxima revisión.


Maria José, tu relato si que es pura incertidumbre, bien narrada. Agradezco ese final que da esperanza a las mujeres que pasan por esa dura experiencia.
Un abrazo
Es difícil ponerse en la piel de tu protagonista, pero tú has descrito muy bien una incertidumbre con la que no es posible no empatizar, con un mensaje de que todo no puede ser tan malo, de una esperanza que, como suele decirse, es lo últiimo que se pierde.
Un abrazo y suerte, María José