REIVINDICACIÓN LABORAL
—Jefe, necesito un cambio. Quiero pasarme a logística o algo así.
—¿Qué decís? ¿Estás loco?
—Loco no, cansado.
—¿Cansado, vos, mi mejor hombre? No me vendrás ahora con que tenés culpa. O miedo.
—No, para nada. Estoy orgulloso de mi carrera, pero mi hijo está grande y necesito tener un horario normal. Quiero días libres para ir a verlo jugar al fútbol y poder planear las vacaciones con tiempo.
—Sabés que eso acá es imposible.
—Entonces me retiro. Estoy podrido de vivir a los saltos, de no saber para dónde ni a qué hora me va a tocar salir volando mañana.
—Ni hablar. En este rubro no existe el retiro voluntario.
—Igual me voy —dijo mientras dejaba dos revólveres sobre el escritorio.
Un disparo experto terminó con las demandas del sicario.

