11. Ancha es Castilla (Francisco Javier Igarreta)
Se acercaba el ocaso y, cansado su espíritu, Teresa ya comenzaba a flaquear. Tras unas extenuantes jornadas finalmente tenía ante sus ojos la villa de Consuegra. Apenas divisó su silueta recostada en el cerro, tuvo el pálpito de que aquel sería un lugar propicio para la nueva fundación. Algo le dijo que no era una de aquellas corazonadas que otrora le sobrevenían al amparo de su incansable divagar entre lo divino y humano. Gracias a Dios y a la férrea disciplina carmelitana casi había conseguido domeñar a “la loca de la casa”.
Absorta en tan cruciales consideraciones, de pronto se sintió atraída por el quejumbroso traqueteo de un molino cercano cuyas aspas giraban a merced del viento. Dejando a rebufo del mismo cualquier atisbo de quijotescos desvaríos, tuvo ocasión de columbrar la gigantesca obra que se perfilaba en su mente. Mas, ahora era preciso tener los pies en el suelo. La comitiva del Santo Oficio, con su farfolla y sus antorchas estaba a pocas leguas. Conocedores de sus andanzas seguían de cerca sus pasos. Aquella manera tan suya de entender los dogmas, amén de sus antecedentes familiares, la delataban. A fe que no era santa de su devoción.


La imaginación, como bien dijo, o se atribuye, a la santa de Ávila, es una «loca» que dispersa y distrae, pero tambien resulta necesaria, en cuanto nada grande se ha hecho sin que, antes, una mente lúcida no lo haya imaginado. Esa imaginación puede considerarse peligrosa para los que quieren que nada cambie, normalmente, para no perder sus privilegios.
Buena ambientación para una original historia entre la realidad y la leyenda.
Un abrazo y suerte, Javier
Destacaría de tu texto el estilo narrativo y el léxico, acordes con las referencias históricas plasmadas.
Hola Edita,si como dices, he conseguido meterme en un ambiente tan peculiar , me doy por satisfecho. Muchas gracias por leerme y por tu comentario. Un abrazo.
Me pregunto cuántas cosas nos hemos perdidos por la censura, en este caso del Santo Oficio. A saber qué obras nos hubiera dejado, por ejemplo, Teresa, a la que no le faltaba imaginación.
Un abrazo y suerte.
Hola Rosalía, seguro que la férrea censura de la Inquisición coartó muchas mentes, pero seguro que espoleó algunas otras que de otra manera solo habrían cabalgado al paso. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.
En nuestra época una cabecita así podía haber hecho muchas más cosas.
Has situado mi imaginación en aquella época con tu lenguaje muy elegido. En mi pueblo “farfolla” lo usábamos para una mujer/hombre desastrosa/o en su imagen. Veo que hay más interpretaciones.
Bueno,,yo creo que los condicionantes de entonces eran los que eran. Creo que fue bastante rompedora, aunque tenga una biografía un tanto controvertida. Muchas gracias por comentar, Rosa. Un abrazo.
Hola;
¡ menuda ambientación para el relato!
Así no he tenido que imaginar nada. Todo estaba escrito.
Muy bonito tu texto
Me alegro de que te haya gustado, Hugo. Muchas gracias por tu amable comentario. Un Abrazo.
Muchas gracias Ángel por tu amable comentario. La verdad es que la imaginación da para mucho, tanto que resulta inimaginable. Un abrazo.