71. CAMINO DE REFLEXIONES
Medito mientras camino de regreso a la hacienda, el sitio en el que viví los momentos felices de mi infancia y de mi adolescencia.
Ha pasado mucho tiempo, me he demorado en cada parada. ¿Qué he sufrido mucho? Es verdad y, con todo, eso me lo reservo; no lo contaré a nadie en casa, no querían pasar por mi ausencia.
Una infinidad de veces me he extraviado en las metrópolis, ni siquiera he tenido idea de dónde me encontraba. He visitado pueblos y comunidades rurales. He conocido a personas que no sabían qué hacer con sus problemas, a los desubicados, a los deprimidos, a los que no tienen hogar, a los que tienen un lugar que no quieren, a aquellos que parecen personajes de la película Los desarraigados, y a los que poseen todo y están vacíos.
He viajado tanto, solo para reconocer que pertenezco a mi punto de partida. Sin embargo, eso tampoco lo mencionaré, tal vez me sienta impulsado a salir otra vez.


No es la primera vez que al leer relatos de esta convocatoria viene a colación la frase del poeta Rilke: «La verdadera patria del hombre es la infancia». Tú lo expresas muy bien. El lugar que nos vio nacer y en el que vivimos los primeros años nunca nos deja indiferentes, genera un arraigo, a él pertenecemos, por muchas otras experiencias y espacios que acumulemos.
Me alegra leerte por aquí y después de tanto tiempo, Óscar.
Espero que sigas bien.
Un abrazo y suerte
Ángel, un placer saludarte, siempre te recuerdo. Gracias por tu acertado comentario. Un abrazo.
Óscar, el último párrafo es brutal, entre lo literario y lo filosófico: pertenecer a un lugar y al mismo tiempo querer huir de él.
Un abrazo y suerte.
Hola, Rosalía, ¡qué comentario tan bueno y analítico! Es un placer saludarte.
El relato tiene un tono de nostalgia, tristeza y reflexión que trasciende. Y que cierto es que aún sabiendo que pertenecemos irremediablemente a un sitio queramos conocer y explorar otros.
Un saludo
Hola, Gema, es un excelente comentario, con un análisis profundo.
Muchas gracias por pasar por aquí.
Casi todos nos quisimos ir de nuestro primer entorno y algunos lo hemos conseguido. Pero siempre volvemos a nuestro punto de partida, físicamente o de pensamiento. Y cuanto mayores nos hacemos, la necesidad de regresar es mayor también. Me gusta especialmente el último párrafo de tu relato reflexivo.
Buenas noches, Edita, gracias por llegar hasta aquí. Es de gran valor ese comentario tan humano. Un saludo.
Volver a los orígenes para encontrar el reconocimiento de los tuyos es una constante en el ser humano. Ahora, no debe contarse todo, como el personaje.
Muy bien contado, Oscar.
Saludos, Miguel Ángel, agradezco mucho tu acertado comentario, un abrazo.