72. LA HERENCIA
La niña mira el suelo de la habitación sin parpadear. Necesita deshacerse de esa carga que le impide respirar con libertad. Está cansada de esconderse, de ahogarse en un silencio que la enferma día tras día. Sabe que su familia está preocupada, que desea ayudarla, pero no se atreve a dar el paso.
—¡Basta! —grita con los puños apretados.
Se levanta decidida. Con la manga de la camiseta se limpia las lágrimas. Ha reunido a sus padres en el salón para decirles que quiere que la llamen como a su abuelo: Ricardo.


Cada cual pertenece a su propia naturaleza y no a otra, pretender lo contrario es ir contra natura, cuanto antes lo admita la propia perwona, primero, y su entorno, después, mejor para todos.
Un saludo y suerte, Julia
Tu relato describe lo que podría ser un caso de despertenencia. Estar en un cuerpo al que sientes que no perteneces es terrible además de la incomprensión a la que muchas veces tienen que enfrentarse. No siempre encuentran la valentía de decirlo como hace tu personaje.
Un abrazo
Seguro que su abuelo se siente muy orgulloso de ella.
Un abrazo y suerte.
Escapar de tu cuerpo como de una prisión. Ricardo debió ser un buen abuelo y proporcionó la fuerza suficiente para exigir su propia identidad. Excelente relato, Julia. Enhorabuena.
Anda, qué bien esa tensión externa que vemos en el personaje, y que muestra la lucha interior ante tamaño paso que da. Muy bien, Julia. Cada uno pertenece al lugar donde siente que debe estar. Mucha suerte y un abrazo.
Julia, me ha gustado mucho cómo mantienes la tensión hasta el final y cómo esa niña reúne el valor para reclamar algo que siente que le pertenece: su propio nombre. Me parece especialmente bonito que, siendo tan pequeña, tenga la determinación de decir quién quiere ser. Un abrazo y mucha suerte ❤️