CARCOMA
El polvo cae por las rendijas del suelo durante la noche, son las horas de mayor actividad de las ocupantes del desván. Todas las mañanas, Mario pasa una gamuza por los muebles y barre el suelo en un empeño inútil de eliminar su rastro. Con los rayos de sol filtrándose por las ventanas, olvidarse de ellas parece posible. Pero a la tarde, vuelve el abatimiento y la certeza de que acabar con la carcoma que corroe la casa es una tarea inútil. En la duermevela escucha el vaivén de la vieja mecedora de su madre y las carreras de la niña. Imagina a la madre, con la misma sonrisa que en las fotografías que le mostraba el padre, tejiendo la ropita que nunca le vería estrenar. Instantáneas de una vida feliz: la vida antes de él. Pero ve, con la misma nitidez de aquel día, el rostro de la niña. Su gesto de asombro frente al parabrisas antes de caer bajo las ruedas de su coche.

