Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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27. CASA VENCIDA

Como un reloj que marca segundo a segundo el fin de mis días, una gota cae del grifo al fregadero. Las nubes que anuncian tormenta no dejan ver la luna llena, pero sí, esta noche además hay luna llena, y aquí estoy yo, con todo el arsenal de antídotos y supersticiones contra apariciones y fantasmas, esperando conciliar el sueño, aunque mucho me temo que de nuevo la pasaré en vela y volverán las ventanas a abrirse solas, las canicas a rodar por el suelo, las puertas correderas a deslizarse y chocar con el dintel, y en medio de todo ese pavoroso escenario, como si no fuera suficiente, pasos y arañazos viniendo de dentro de los tabiques, seguramente un alma emparedada que quisiera salir de su suplicio.

El obrero, que tenía que haber reparado la dichosa gotita, me advirtió, seguro que para sacarme el dinero, de que la casa se estaba inclinando peligrosamente y que, además, había una plaga de ratas. ¡Bobadas!

Ya empieza, ya están aquí. Brilla el cielo nocturno y se oye un trueno. Oigo pasitos por el falso techo y no tarda en llegar a mí una botella vacía rodando perezosamente por el pasillo.

4 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    La soledad, la noche y el desvelo pueden formar un cóctel que degenere en ansiedad y miedo. Todo tiene una explicación, o eso dicen. El que una casa presente serios deterioros, además de inquilinos roedores no deseados, degenera en ruidos que son fruto de un proceso físico, pero los humanos, para bien o para mal, tenemos mucha fantasía. El caso es que, de una forma o de otra, nos queda la duda de qué será lo que sucede en realidad en esa casa, de si los temores nocturnos del protagonista, cercanos a lo sobrenatural, tienen fundamento, o hay que darle la razón a ese albañil.
    Una buena historia con un buen título.
    Un abrazo, JM. Suerte

  2. María Jesús Briones

    El cerebro puede hacernos vivir realidades que no son tales. En un ambiente solitario cualquier sombra, ruido o el simple goteo del agua lo hace monstruoso. Es lo que le ocurre a tu protagonista, en su mas angustiosa soledad, perfectamente descrito.
    Saludos virtuales, Juan.

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