107. Ciclos
Cuando llega el viento de marzo, lo desordena todo. Revuelve la melena de Rosaura mientras mira cómo se alejan, en un jeep destartalado, la Chispa y el Marcelo, en quién había puesto tantas ilusiones. Desbarata las tablas de la silla de Martín, pero no el esqueleto herrumbroso que las ha soportado tanto tiempo, que permanece allí, varado en la arena, como el casco mortecino de un navío. Cuando llega el viento de marzo un silbido fino se cuela por la masilla cuarteada que soporta los cristales y embarulla el parloteo de las casas, confunde el ladrido de los perros con el zumbido atroz de los mosquitos y disfraza el olor de las cocinas con el bálsamo gris que emerge de las cañerías. Cuando llega el viento de marzo, arrambla por el cementerio, desdibuja el rostro marmóreo de vírgenes y crucificados, juguetea con los nombres de las lápidas, cambiándolos de sitio, y escribe sobre ellas disparatados epitafios. Cuando el viento de marzo desparece por el horizonte, llega la lluvia de improviso, sigilosa, como le llega la muerte a los ancianos. Los lagartos regurgitan sus miserias, mientras asoma la luna en la ladera, y tañen las campanas a destiempo.


La meteorología influye en los cuerpos, en las costumbres y en el sentir, porque somos naturaleza y los ciclos nos afectan.
Un relato para leer y releer, en el que se nota tu vocación poética.
Un abrazo y suerte, Juancho
Muchas gracias, Ángel por estar siempre ahí, por tu atenta lectura y tus acertadísimos comentarios. Sabemos que el viento ioniza el aire, y el exceso de iones positivos afecta al estado de ánimo de muchas personas, pero también los ciclos, esa rueda que no par y que nos hace pasa una y otra vez por los mismos sitios.
Un abrazo grande!!!
Ay Juancho, ya sé que me repito más que el chorizo de las judías, pero es que me encanta cómo escribes.
Esa cadencia en la llegada del viento, esos detalles tan visuales, esa lluvia final que lo barre todo… Maravilloso, como no podía ser de otra forma.
Abrazote.
Jajajaja… pues precisamente hoy me he comido unas judías con codillo y, no es por presumir, me han quedado riquísimas. No sé que decir, Ana María, que muchas gracias por tu cariñoso comentario, y que también a mí me gusta como escribes y haberte conocido.
Un beso grande!
Una estructura hermosa, Juancho, como a ráfagas de viento, a cuatro. Me gusta tu prosa, incluso cuando deriva con más fuerza de la habitual hacia la lírica, como aquí. Hay mucha musicalidad en el texto, imágenes y frases de esas tuyas que arañan con viento o sin él. Sensacional. Para releer. Suerte y abrazote.
Muchas gracias, Rafa, por tu certero comentario y por acercarte a leer. Creo que ya lo he dicho alguna vez por aquí, en un taller de un conocido escritor y profe de escritura, me dijo que el peor enemigo del microrrelato es la poesía. La verdad es que a me gusta ese tono lírico que adquieren muchos de mis micros, considero que de alguna manera se ha convertido en mi estilo, aunque muchas veces lucho, con bastante poco éxito, contra él. Otras sin embargo me dejo llevar y quizá pierda protagonismo la historia en beneficio de la forma, aunque siempre intentado darle un sentido. Quién sabe, tal vez debiera cambiar de género o simplemente dejar que me lleve la corriente.
Gracias de nuevo por tu generoso comentario y un abrazo grande!!!
Las reglas están para romperlas. El micro puede hibridarse con poesía y sale airoso y estupendo cuando se hace bien. Tu voz es magnífica.
En ese sentido me siento bastante libre al escribir, lo único que a veces me planteo eso, que llevo trece o catorce años pensando que escribo microrrelatos y a lo mejor estoy escribiendo otra cosa. En fin, perdón por involucraros en mis cavilaciones y muchas gracias por los ánimos, Rafa.
Ni hablar, Juancho. No cambies de forma de escribir, ni de género, ni de nada. Tus textos son preciosos (ya sabes que te lo he dicho siempre).
A este profe conocido le puedes contar que en l’Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès (también reconocida) tienen un curso titulado «Técnicas de poesía para narradores», así que su frase «el peor enemigo del microrrelato es la poesía» ya se la puede guardar para él como opinión, pero no para sentar cátedra.
Respecto al relato, empecé siguiendo la pista a los personajes, para ver qué pasaba entre ellos, y acabé dejándome llevar por ese viento de marzo y sus efectos, meciéndome con él por tus escenarios oníricos.
Mis aplausos.
Y un beso.
Carme.
Ay, Carmen, muchísimas gracias por todo. Como le decía a Rafa, la verdad es que me siento bastante libre a la hora de escribir, escribo más o menos lo que quiero y creo haber encontrado algo parecido a una voz, lo único que a veces me planteo si lo que estoy escribiendo son microrrelatos o puede que sean otra cosa y no se ajusten demasiado al género. En cualquier caso seguiré escribiendo igual, aunque es verdad que a veces intento salir de la zona de confort sin demasiado éxito. En cuanto al relato, la intención era ver como el viento afectaba primero a lo personal, después a lo social y más tarde a lo universal, no sé si lo he conseguido.
La verdad es que me emocionan muchísimo vuestros comentarios, hasta el punto de que casi no sé qué responder y temo acabar respondiendo tonterías, en cualquier caso muchas gracias por leerme con tanto cariño y por tus generosísimos comentarios. Un beso grande!!
¡Vaya si tienes voz, querido!
Da gusto leerte.
He visto un relato donde el protagonista es el viento que todo lo desmantela, desde el corazón de Rosaura hasta los nombres de las lápidas.
Entiendo que la referencia a la muerte es el fin mismo del ciclo que trae lluvia, que será la siguiente protagonista.
Me ha costado hilarlo, pero es tan bello que ha sido un placer releerlo para sacarle todo el jugo.
¡Suerte y besos, Lagarto!
Juancho, a mi también me dijo ese profesor que la prosa poética era el peor enemigo del microrrelato, pero no le hice caso, aunque no me salga tan bella como a ti.
Así que me uno al coro de voces que te pide que no cambies tu estilo. Escribas microrrelatos o decualquier otra cosa.
Un abrazo y suerte.