Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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15. Cinco de la tarde

Cuando el pelele voló por los aires se sintió completo, enorme, poderoso. Se encaró con los que vociferaban y se preparó para lo que, inevitablemente, vendría después.

Desde pequeño estuvo unido a la naturaleza. Era feliz cuando paseaba por el campo, rodeado de plantas y árboles. Nada le proporcionaba más placer que dormir en la intemperie contando las estrellas y con la luna ejerciendo de guardiana de su sueño. Esa sensación de libertad no tenía parangón con nada que él conociera.

No soportaba estar entre cuatro paredes, incapaz de sentir el viento en la piel. Suponía una cárcel insufrible. La situación empeoró cuando la prisión comenzó a moverse. Pasó horas mareado, vomitando y añorando su hogar.

Se negó, tajante, a obedecer las tareas que le ordenaban, tan solo cedió cuando recurrieron a la violencia. En ese momento, tomó conciencia de que su destino estaba marcado en negro y que nada volvería a ser como antes.

Por eso, cuando abrieron el portón, le obligaron a salir, y le vio arrodillado esperándole, lo tuvo claro. Hinchó sus pulmones y lanzó sus quinientos kilos hacia adelante. El impacto fue tremendo, el pelele aterrizó a sus pies después de volar por los aires.

5 Responses

  1. Gema Herráez

    Ya el título es referencial y el texto también. Lo original en este caso es que está escrito desde la perspectiva del toro. Muy bien descrito . Es fácil imaginar lo que sentirá el animal en esas circunstancias .
    Un abrazo

  2. Rosa Gómez Gómez

    Ya desde el título das pistas. Aunque despiste “el pelele”, está claro de quien se trata. Lo siento, sufro más por el toro.

  3. Ángel Saiz Mora

    Un personaje que reúne todo su coraje para arremeter, consciente, de alguna manera, de que ese acto de coraje será el último, lo sabe por instinto, y porque es capaz de reaccionar de forma acorde con un sentir que es más del que se le presume.
    El título da una pista, pero solo a modo de pincelada. El primer párraLfo ya habla del desenlace, aunque sin revelarlo. Una víctima que no deja de serlo con su acción, pero con ella logra una dignidad vital.
    Un abrazo y suerte, Emilio.

  4. Rosalía Guerrero

    Cuánta razón, Emilio, con lo tranquilos que viven en el campo y la tortura que viene después.
    Una anécdota, ahora que nadie nos oye: mi padre era un gran aficionado, y una tarde me llevó a los toros, tendría yo ocho o nueve años, o quizás menos. Fue la primera y la última vez, pues pasé todo el tiempo preguntándole por qué le hacían esas cosas al toro, por qué tenía que morir, y si no le daba pena. La gente de alrededor nos miraba con mala cara y el pobre no sabía donde meterse. En fin, que no me hubiera llevado.
    Un abrazo y suerte.

  5. Emilio: Una cornada como «Dios manda» al pelele que le quería asesinar.
    El alma de ese toro enamorado de la luna queda reflejado en tu triste relato de muerte animal. Muy triste y muy hermoso a la vez.
    Enhorabuena Emilio.

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