14. NOCHE TRIUNFAL (Juan Manuel Pérez Torres)
En medio de la penumbra y el silencio, estuve un buen rato paralizada. Sentía que las piernas me flaqueaban y el temblor me impedía continuar. La sed era acuciante pero era incapaz de llegar al grifo.
¿Levantarse para beber agua y seguir allí, con la boca seca, timorata como un pasmarote? La oscuridad de la madrugada parecía amparar mis defensas a la par que amenazaba la definición de las formas, pero aquello era inconfundible. Estaba conturbada, ¿no iba a reaccionar? Abrí bien los ojos, apreté los dientes y cerré fuerte los puños. Me descalcé del pie derecho, me agaché despacio y agarré la zapatilla con sigilo y, por primera vez en mi vida, con una decisión inusitada y un arrojo desconocido, me cargué la cucaracha. Luego, orgullosa y aún excitada, desperté a mi marido y le conté lo que había hecho.


No es valiente quien no siente miedo, sino quien lo supera. Tu protagonista es un claro ejemplo. Además, ha sido más rápida que el bichito, que velocidad y reflejos no le faltan.
Un relato que mantiene la atención hasta el final, sin que se conozca el desenlace hasta el momento preciso, demostrando que de lo cotidiano puede surgir una historia.
Un abrazo y suerte, Juan Manuel
Gracias, Ángel, siempre tan atento y certero. Un abrazo y suerte.
Divertido y bien llevado. Para despertar al marido por semejante asunto, también hace falta valor. Ja ja ja.
Ay, Edita, también hay maridos que no son capaces de matar ni una mosca. Hay que ponerse en valor y ganarle la partida.
Aquí la víctima no es la cucaracha sino el propio marido que estaba plácidamente durmiendo. Divertido y bien contado.
Suerte, Juan Manuel.
Gracias, Rafa, ahora será el marido el que tendrá que hacer algo, no? Sí lo despiertan a deshoras para contarle una hazaña, en un estado tal de excitación, habrá que llevar a cabo una proeza.
¡Que valiente!
Aunque no es para reírse, las fobias hacen sufrir a quienes las padecen. Has mantenido la incógnita hasta el final.
Es cierto, Rosa, hay cosas que parecen inanes aunque son verdaderas proezas. Hay que darle el mérito que tiene. Un abrazo.
Ah, Juan Manuel, pero tu protagonista seguramente no conoce la leyenda de que si matas una cuki los huevos se quedan pegados en la suela y te los llevas contigo.
Desde luego, hay pocas cosas que den tanto ascomiedo. Ha sido muy valiente, yo hubiera despertado a Marido para que la matara él, jajajaja.
Un abrazo y suerte.
Bueno, Rosaría, se puede despertar al marido también para otras cosas, seguro que lo agradece más. Gracias por el abrazo, otro paratí.
Muy bien contado, José Manuel.
Las fobias y los miedos son infinitos.
Superar cualquiera de ellos es una conquista para el ser humano.
El coraje de haberlo hecho produce placer y orgullo.
Enhorabuena
Gracias, Miguel Ángel, me alegra que te guste.